España: la democracia encarcelada

por Heinz Dieterich noviembre 3, 2017 6:30 pm

Es una ironía de la historia que los “indios catalanes” sirvan como catalizadores de una crisis ideológica global del sistema burgués, sostiene Heinz Dieterich.

Para la compañera Bruni

1. Doña Lamela y la justicia española
¡Hostias Majestad! Los indios de Cataluña se rebelan, habrá pensado en su muy interior la jueza española Carmen Lamela, cuando meditaba sobre el severo castigo que merecía tal delito. Ella había sido escogida cuidadosamente por la Fiscalía española para ajusticiar a los indios rebeldes y, sin duda, cumplía con el perfil perfecto para tal tarea. Egresó en 1984 de la Universidad Pontificia Comillas en Madrid; una universidad privada, católica, dirigida por la Compañía de Jesús. Correcto, la misma Compañía de Jesús, que vivía parasitariamente del trabajo forzado de los indígenas guaraníes de las “Misiones” en América Latina, y que mantenía su Georgetown University en Estados Unidos con el trabajo de los esclavos; de los cuales –el Santo Rosario no obstante– vendió en el año 1838 casi 300 de sus víctimas a los esclavistas del sur; incluyendo una madre con un bebé de dos meses. Todo esto para incrementar la liquidez de la institución educativa católica por excelencia de Norteamérica.

2. Doña Lamela y el imperialismo europeo
El 15 de octubre de 2016, Doña Lamela recibió la Cruz de Plata del Mérito de la Guardia Civil y un año más tarde, la medalla al Mérito Policial, otorgada por el Ministro del Interior. Todo ello, con aparejadas pensiones. Así que la Fiscalía no se equivocó. La magistrada estaba singularmente preparada para el caso de los indios catalanes.

Siendo una ejecutiva seria, Doña Lamela pasó revista a los ejemplos históricos de la justicia española, para dosificar con probidad la merecida penalidad de los rebeldes. Revisó el intento de desmembramiento vivo de Tupac Amaru por cuatro caballos en la Plaza de Armas de Cuzco (1781); la cortada de cabezas y su exposición pública en jaulas de fierro en la alhóndiga de Guanajuato, de los libertadores mexicanos Hidalgo, Allende y otros (1811); la purificadora hoguera de la inquisición y las mazmorras y matanzas del Generalísimo Franco.

De este estudio nació un input de juicio valioso para la jueza: que todo este terror de Estado de la clase dominante española había sido tolerado in saeculum saecularum (por los siglos de los siglos), por todas las élites de las potencias e iglesias europeas: desde el “Assiento de Negros” hasta la participación de España en la guerra de agresión contra Irak (Chilcot Report). Y que, como estaba demostrando el posicionamiento de la Comisión Europea, encabezada por el corrupto títere del gran capital alemán, Jean Claude Juncker, el imperialismo europeo no iba a abandonar su política histórica para ayudar a unos indígenas rebeldes.

3. Crímenes: oficiales y reales
Después de aguda reflexión, la magistrada entendió que la España de hoy es esencialmente una colonia europea, para ser más preciso, de Volkswagen y Siemens, como solía decir Don Mario Benedetti. Por lo tanto, tiene que respetar los intereses del Imperio europeo. Es decir, el Imperio del Gran Capital, con su epicentro en Bruselas, dominado por el poder alemán y su imperialismo merkeliano. Desmembramientos, exhibición de cabezas cortadas o fusilamientos públicos, están fuera de moda actualmente, en la política europea. Hay que respetar las formas y el brand name (marca registrada) de la democracia liberal burguesa del Primer Mundo, sin afectar, por supuesto, sus intereses esenciales.

Ante este dilema entre lo que aconsejan los patrones históricos españoles, y los requisitos del mercado político actual, Doña Lamela decretó, que nueve integrantes del gobierno catalán, entre ellos el vicepresidente de la Generalitat, Oriol Junqueras, fueran “trasladados de inmediato a prisión”, por los delitos de rebelión, sedición y malversación a raíz de la declaración de independencia del Parlamento de Cataluña. Estos son los delitos oficiales que dictamina la razón de estado. Los crímenes reales cometidos, en cambio, son los siguientes: 1. pedir democracia a una Monarquía terrorista; 2. desconocer los intereses del gran capital alemán y, 3. des-cubrir la gran mentira del software de dominación del capitalismo moderno: que su sistema político es una democracia.

4. Subversión mundial catalana
El aspecto subversivo mundial que genera el conflicto catalán –mucho más trascendente, por ejemplo, que la situación de Venezuela, que no presenta ningún problema de damage control (control de daños) y perception management (gestión propagandística) para los amos globales–, es que acaba con el mito de la democracia burguesa. Debilita, posiblemente tanto como el neofascismo de Trump, el software dominante de la plutocracia capitalista imperial, en su competencia a muerte por el control del naciente sistema multipolar global. Ese software se sostiene sobre dos pilares ideológicos: a) la insustituible e inmejorable eficiencia y beneficencia de la crematística de mercado, y b) la democracia liberal como el mejor sistema de gobernanza posible para la sociedad moderna. Ambos son, por supuesto, mitos o, en términos informáticos, “cascos de realidad virtual”, que manipulan al ciudadano y lo mantienen dominado.

5. El precio geopolítico
En el caso de la democracia burguesa, se trata del principal software político de dominación de las masas, en el arsenal de la clase dominante. Cataluña hará volar ese mito por los aires al ser reprimido por Madrid. Y lo hará con mayor potencia explosiva que el aborto de Syriza por el gran capital alemán. En este sentido, sería un alto precio político a pagar por el imperialismo europeo, en una situación de creciente debilidad ideológica y material ante China y el ocaso de la burguesía atlántica, cuya tiranía de quinientos años está acercándose a su fin.

6. Bomba nuclear de Puidgemont
La esencia de la democracia real es la autodeterminación. Esa es la propiedad, que diferencia el sujeto del objeto, tanto en el nivel individual, como en la escala macro de la realidad. Donde no hay autodeterminación, no hay democracia: sólo objetos sometidos a relaciones de dependencia en un engranaje mayor. En las sociedades de clase -y no existen otras en la actualidad- ese engranaje mayor son los intereses y mentiras de las elites dominantes, que actúan como verdaderos cárceles de los pueblos. El software de esas tiranías, su código lingüístico en el newspeak contemporáneo, se llama “democracia”.

7. La dialéctica de la historia
Es, ciertamente, una ironía de la historia, que los “indios catalanes” sirvan como catalizadores de una crisis ideológica global del sistema burgués, al reactivar, sin querer, la verdad que Tupac Amaru expresó hace 236 años ante su verdugo español: “Aquí solo hay dos culpables. Tú, por oprimir a mi pueblo. Y yo por intentar liberarlo.”

¡ Nihil novum sub sole — Nada nuevo bajo el Sol… en la sociedad de clases!

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