‘Creo que debe haber un compromiso del autor con su tiempo’: Imanol Caneyada

por Héctor González agosto 10, 2017 10:30 am

El escritor de publica la novela ‘La fiesta de niños los desnudos’.

‘México suena a un Réquiem’, señala el escritor Imanol Caneyada (San Sebastián, España, 1968), a propósito de La fiesta de los niños desnudos (Tusquets), su novela más reciente y la cual retoma el título de una pieza del músico húngaro Erik Satie.

El nuevo libro del narrador afincado en México desde hace 28 años, tiene varias pistas. Gregorio odia a su padre, un viejo músico pedante y engreído. Lo odia y desea su muerte. Pero también odia su propia mediocridad, así que cuando el anciano finalmente fallece, el hijo se autoexilia en el inframundo de los mendigos y los vagabundos, es entonces cuando se descubre en un contexto donde rige una moral propia.

Caneyada no esconde la influencia de la música su nueva entrega, como tampoco esconde su vocación por ser un escritor que dialoga con su presente.

Su novela podría ser una pieza de Satie con corrido…

Una fusión corrido-música contemporánea. Cierto, es una novela muy musical desde el título hasta los personajes. Se comenzó a gestar a partir de algo que vi en Hermosillo, donde vivo. Dentro de un hospital privado había un piano, de pronto un indigente llegó y comenzó a tocarlo. Fue algo muy curioso porque de la repulsión pasó a los aplausos por parte de quienes estaban en el lobby, es decir, desde el origen había música.

¿Escuchaba música mientras escribía?

Sí, escuché varias veces las piezas a las que aludo. Incluso me asesoré con ciertos amigos músicos para algunos apuntes técnicos. Antes de escribir ponía a Rachmaninov y a Satie, lo cual me permitió reencontrarme con una infancia de músico frustrado. Se supone que sería músico, pero fui un niño demasiado inquieto y desastroso entonces no me aguantaron en ninguna academia.

¿Sus padres eran músicos?

No, aunque mi padre era un melómano extraordinario. De niño, con la aguja de tejer de mi madre jugaba a dirigir una orquesta imaginaria. Mis hermanas sí tocan instrumentos, aunque no son profesionales. Curiosamente los temas frustración, música e infancia, están muy presentes en la novela.

Y también la relación padre-hijo, un conflicto muy literario….

El mito de Edipo está presente desde Edipo Rey y atraviesa la historia de la literatura. A esto sumamos la tesis freudiana de que para llegar a la madurez necesitas matar a tu padre.

Todo dentro de un contexto complicado como el que vive México.

Sí, el tema de la violencia siempre está presente en mis libros. El indigente me sirvió para hablar de la pérdida de inocencia en Sonora. Tal vez para un habitante de la ciudad de México un indigente es algo rutinario, pero no sucedía lo mismo en el estado, sin embargo desde hace una década ha habido una explosión de este fenómeno y para el habitante de Hermosillo no fue fácil aceptarlo. En buena medida es algo vinculado con la mala distribución de la riqueza, pero también puede ser una elección ante un mundo y una estructura social que no se entiende. La marginalidad puede ser una elección.

Pero también funciona como metáfora de la condición humana, a quién le gusta mostrar sus partes más miserables.

Totalmente, además está el hecho de que la comunidad de indigentes encabezada por un líder mesiánico funciona también como la posibilidad de una utopía. Lo que trata de construir ‘Dionisio’ es la misma utopía que tratamos de construir desde hace dos mil años. Llevamos dos milenios soñando una comunidad donde la palabra ‘nosotros’ tenga más peso que la del ‘yo’; y al final siempre fracasamos.

¿Será que los libros sobre la violencia o la miseria están de moda?

No me planteo escribir una novela con estereotipos para que encaje con cierto mercado. Además, creo que ni siquiera existe eso. En México no tenemos un mercado literario tan grande como para construir novelas desde la fórmula y convertirlas en superventas. Hay que bajarle a ese mito porque parece que si abordas ciertos temas lo haces por un afán comercial, y no es real. La industria editorial mexicana no es tan fuerte como sí sucede en Estados Unidos donde sí hay una industria del best seller. Por otro lado, mientras trabajo no me planteo esta cuestión. Creo que la violencia y los problemas son temas que debemos abordar desde la literatura. Hay gente que piensa que esto es militancia y no literatura, muy bien, es su problema. Yo sí creo que debe haber un compromiso del autor con su tiempo, momento y entorno. Hay ciertos temas de los que tenemos que hablar desde la literatura porque gracias a ella podemos plantearnos preguntas y reflexiones que trascienden a información que nos llega de los medios de comunicación. Gracias a la pausa que implica una novela podemos arrojar luz sobre lo que nos pasa como sociedad, me parece algo legítimo.

¿Cómo no caer en la militancia a partir de la dimensión humana de los personajes?

La literatura te da las herramientas para no caer en los panfletos o en los libros militantes. Corresponde a cada autor sacudirse las consignas, pero al final la última palabra la tiene el lector porque es quien dirá si nos cree o no.

¿Usted piensa en el lector cuando escribe?

Esa es una pregunta tramposa. Desde un punto de vista cuantitativo, no.  No creo que determinados personajes o historias me llevarán a más lectores. Mis temas son bastante oscuros y poca gente se quiere sumergir en la mierda cuando vivimos en ella, pero sí creo que la literatura es un diálogo con el otro, entonces sí pienso en un lector en abstracto.

Regresemos a la música, ¿a qué suena México hoy?

A un Réquiem, al de Mozart para irnos a lo grande.

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