Moby se confiesa en ‘Porcelain. Mis memorias’ #Letrasynotas

por Redacción AN abril 13, 2017 5:42 pm

El músico dibuja la escena underground de Nueva York, de finales de los ochenta.

La vocación artística de Richard Melville Hall, le viene de familia: es bisnieto de Herman Melville, el autor de Moby Dick. En claro homenaje hizo de Moby su nombre artístico. Como sabemos, en lugar de decantarse por la literatura, encontró en la música su campo de acción.

Una vez entrado en los cincuenta, el compositor decide hacer un alto y hacer un corte de caja. Producto de su ajuste de cuentas nace Porcelain. Mis memorias (Sexto Piso). “Hace unos años, estaba en una fiesta en Brooklyn y conté una historia sobre el Nueva York de 1989. Los viales de crack vacíos en los andenes del metro, las fiestas rave en sótanos desiertos y almacenes abandonados, las prostitutas que se abrían paso entre la sangre y las vísceras en el Meatpacking District, y los lofts en alquiler por 500 dólares al mes… Conté algunas historias más de cuando empecé a grabar discos, de cómo devolvía latas y botellas para conseguir dinero para comer, de la ruinosa fábrica en la que vivía sin aseo ni agua corriente, y de cómo pensaba que mi carrera como músico se había terminado justo antes de que saliera Play. Me sentía un poco como el abuelo Simpson, contando batallitas sobre los disfuncionales días de gloria de Nueva York antes de que iniciara su descenso hacia la incomprensible opulencia. Y después de haber contado unas pocas historias, alguien dijo: ‘Deberías escribir un libro’. Y eso fue lo que hice”, cuenta Moby para abrir el apetito.

El resultado es el testimonio no de una vida, sino de diez años. A través de sus anécdotas, algunas francamente delirantes, deja ver la recomposición Nueva York en términos urbanos y musicales. Con estilo divertido y nada rebuscado dibuja las escenas musicales underground house y hip hop de finales de los ochenta, y del surgimiento de los club kids y la escena rave. “Empiezo el libro como un cristiano sobrio en un loft diminuto en una fábrica abandonada y lo termino en un sitio muy diferente. He intentado ser lo más honesto posible. En Porcelain no soy un narrador cool ni un antihéroe desafecto, sólo soy un ser humano perdido y aterrorizado que intenta comprender el extraño mundo en que se encontraba. De nuevo, he intentado ser lo más honesto posible”. Así de claro, así sin más.

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