‘Shakespeare es bastante punk’: Sabino Méndez #Letrasynotas

por Héctor González Julio 16, 2017 11:25 am

El escritor y ex integrante del grupo español, Loquillo y Los Trogloditas, publica su nueva novela ‘Literatura Universal’.

A mediados de la década de los ochenta, Sabino Méndez tenía un lugar dentro del rock español gracias a algunas canciones compuestas para el grupo Loquillo y Los Trogloditas. Eran los años postfranquistas y cuando el punk germinó con brío en su país. Pocos sabían entonces, que el músico era además un lector acucioso. A veces el orden de los factores sí altera el producto. Y Sabino Méndez (1961) hizo un reacomodo de aficiones. El rock pasó a segundo plano y la literatura se colocó en primera línea. Tras publicar títulos como Corre rocker y Hotel Tierra, recién pone en circulación Literatura universal (Anagrama), su novela más reciente.

Un título llamado Literatura universal, es en sí mismo algo ambicioso y más si viene de la pluma de un ex rockero…

No. En realidad, es tan solo una broma. Me gustaba la idea de titular una novela con un título que pareciera el de un manual escolar, una mezcla entretenida. Ese título ofrecía además varias posibilidades añadidas. Primero: hablar de la escritura de todos los tiempos. Segundo: hablar desde el universo personal de cada lector (de ahí la ambigüedad conscientemente buscada del adjetivo “universal”). Y tercero, recordar que el rock forma parte de esa literatura universal: desde el día que escuché la primera canción de Lou Reed tuve claro que el rock se asienta sin ninguna duda en terrenos clarísimamente literarios.

Entre otras cosas, su novela es un gran ejercicio de intertextualidad y de referencias literarias. ¿Por qué hacerlo de esta manera? ¿Es una especie de forma legitimar ante la crítica y los lectores literarios su formación como escritor?

No. Tampoco hay nada de eso en mi trabajo. Las referencias y la intertextualidad tienen una función principalmente polifónica y lúdica. Y también la de reivindicar que debemos seguir leyendo más y más, en unos tiempos en que los audiovisuales y las redes sociales intentarán ocupar nuestro tiempo y captar nuestra atención desviándola de la lectura reposada. Porque captar nuestra atención va a ser el gran negocio del próximo siglo. Especular y negociar con nuestra atención, engañarla y esclavizarla; nuestra mente la materia prima productiva. Defiende por tanto tu tiempo y a lo que dedicas tu atención sostenida. Que no te exploten.

Otra lectura de su novela se relaciona directamente con la crónica de lo sucedido en los años post franquismo, y de la que, por cierto, se guarda poco. ¿Escribir es una forma de calmar a los demonios o de ajustar cuentas?

Me gusta escribir de lugares y situaciones que conozco bien. Me hace sentir más seguro de la conveniencia de mis palabras. Escribo principalmente por placer y por la dificultad. No hay demonios que calmar en mí, ni catarsis, ni cuentas pendientes. Soy bastante pacífico. He tenido la suerte de tener una vida agitada pero plena y hermosa, sin traumas infantiles ni torturas domésticas. No hay demonios ocultos. De hecho, probablemente el único diablillo que esté circulando en todo esto sea mi temperamento. El de un diablillo risueño.

Llama la atención que, para haber sido un integrante de la generación punk, utiliza en su literatura un lenguaje muy basto. ¿Desde cuándo cultivó su relación con la literatura?

Siempre me recuerdo leyendo, desde pequeño. No hay recuerdos previos en mí al lenguaje. Me da la sensación que el lenguaje es lo que crea la mente humana. Que luego disfrutara con el rock y en particular con su versión punk es pura coincidencia. Cuando me preguntan si las citas de este libro obedecen a demandas de respeto intelectual o complejos de inferioridad cultural detecto una incomprensión básica por parte del sistema cultural literario para con el rock. Como si no fuera natural y normalísimo que un punk lea a Shakespeare. Y en realidad lo es. De hecho, Shakespeare es bastante punk.

Quizá donde noto un mayor esfuerzo en términos de narrativa, es en la forma de describir las escenas sexuales. ¿Cómo los trabajó?

En este momento, pienso que solo hay dos maneras posibles actualmente de innovar de una manera verdadera en escritura. La primera es tener visiones y la segunda es redefinir las percepciones, limpiarlas de estereotipos. El resto, en este caso de las escenas sexuales, ha sido simplemente tirar de recuerdos, ya que pude vivir los ochenta en España con veinte años y fue una época muy dada a las exploraciones de alcoba. Un material inagotable. Afortunadamente, ese ritmo frenético paró en poco menos de diez años.

En alguna parte de la novela escribe sobre la sorpresa que le supuso envejecer, ¿se considera un superviviente? ¿cuáles son los saldos de aquellos años de rock, en términos de salud por ejemplo?

No me considero un superviviente. Sé que tiene mucha épica plantearse la vida así, pero he de reconocer sinceramente que nunca he tenido ese sentimiento; quizá porque me acompañan aún muchos amigos de los ochenta que, como yo, tuvieron que cambiar de vida por prescripción facultativa. A mí me ha quedado como herencia un hígado que ha de pasar revisiones técnicas cada seis meses. Como soy un buen chico y me porto bien, todo va viento en popa y me encuentro muy sano. Eso sí, cuando las terribles taxaminaxas suben, el médico no me deja ni probar una copa. O sea que el avance de la tecnología médica me ha llevado a convertirme en puritano por obligación. Paradojas de la vida.

Podría pensar que un soundtrack para Literatura universal podría ser punk, pero dada su extensión y forma, me parece que no. ¿Qué soundtrack eligiría para su novela?

La primera parte podría empezar con King Crimson y Starless and Bible Black. Luego algo de la Incredible String Band, no sé si alguien se acordará todavía de ellos. Para seguir adentrándose en la lectura, al final de la primera parte, propondría tres nombres de rock español de finales de los setenta: Tequila, Sisa y el Fiebre de vivir de Moris. La segunda parte tendría que empezar gloriosamente con Bob Seger y la Silver Bullet Band para, entonces sí, adentrarse de lleno en el punk londinense y neoyorquino (Clash, Pistols, Jam, Ramones y Mink DeVille). Esa parte podría acabarse con algo de nueva ola española de la época, como hijos naturales de todo ello. Para la tercera parte, aunque suene como una rareza, yo recomendaría Harry Conick Jr., Vinicius de Moraes y Sumo (un grupo argentino muy antiguo pero muy interesante). La parte final sería indiscutiblemente para John Cale, Wilco y Robert Wyatt. Muchos de estos artistas probablemente estarán hoy olvidados, pero si alguien leyendo esta respuesta descubre alguna de sus maravillosas canciones y se enamora de ella, que se acuerde de levantar su copa a mi salud el día que palme.

Cohen, Nick Cave y Bob Dylan, en algún punto coquetearon con la novela. Springsteen, Elvis Costello, Neil Young o John Lydon han escrito amplios textos autobiográficos. ¿Qué rockeros le parecen buenos escritores?

Me gusta como escriben Elliot Murphy y Ray Davies. Dylan y Cohen pierden en narrativa con respecto a sus letras, aunque el Crónicas del primero es muy digno. En el caso de Springsteen, Costello, Hynde, Lydon o Young su personalidad pasa por encima de su caligrafía, lo cual no es malo, pero supongo que nadie me reprochará esperar algo más cuando me ha gustado tanto su música. Lo dicho: viva el delicioso humor de Davies o la astucia narrativa de Murphy.

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