‘Estados Unidos vive un cambio violento, profundo y rápido’: Lydia Davis

por Héctor González marzo 19, 2017 12:28 pm

La escritora ganadora del Premio Man Booker visitará Oaxaca para ofrecer una conferencia y realizar una lectura.

A Lydia Davis le gusta la poesía, los gatos y la escritura breve. Ex esposa de Paul Auster y actual pareja del artista plástico Alan Cote, es una de las cuentistas más diestras en habla inglesa. Ganadora del Premio Man Booker 2013, es autora de Samuel Johnson está indignado, Cuentos completos, El final de la historia y Ni puedo, ni quiero. Además ha traducido del francés a Foucault, Flaubert y Marcel Proust.

En los próximos días, Lydia Davis visitará Oaxaca. Ofrecerá una conferencia en el Foro El Huaje de Proveedora Escolar, el miércoles 22 de marzo a las 18:00 horas, y un día después a las 19:00 hrs., realizará una lectura en el Centro Cultural San Pablo. Antes de su llegada a México, la narradora habla para Aristegui Noticias y reconoce: “Con Trump, todo es posible en los Estados Unidos e incluso en todo el mundo. Vivimos un momento muy peligroso”.

Después de una vida dedicada a escribir cuentos. ¿Tiene alguna teoría sobre este género?

La gente adora escuchar historias. Da igual si es un chisme, anécdotas divertidas, cuentos de hadas o relatos tradicionales. Es una preferencia natural. Una novela te permite sumergirte profundamente en la historia de otra persona y vivir la vida de los personajes por un tiempo prolongado, incluso hay quien se olvida de su propia vida. Un cuento en cambio, puede tener el mismo efecto pero en un tiempo más corto, aunque a menudo con mayor intensidad, pensemos por ejemplo en El regalo de los Reyes Magos de O. Henry y La fuerza de la sangre, de Cervantes. El tipo de historias que escribo no necesariamente permiten que el lector entre a una realidad alternativa, sino que permanece en su propia vida; me gusta que a partir de su creatividad desarrolle la historia y su propia reflexión.

Hasta el momento sólo ha publicado una novela ¿Qué tan consciente fue su decisión de decantarse por el cuento y no por la novela?

Al principio fue algo muy consciente, pero cuando era estudiante dejó de serlo. Simplemente seguí el ejemplo de mis padres, quienes escribían relatos cortos. Cuando escribí mi novela El fin de la historia, por ahí de 1995, fue algo natural, sentía que la historia que quería contar no cabía en un cuento.

Jonathan Franzen la ha comparado con Marcel Proust, autor al que por cierto ha traducido. ¿Qué tipo de vínculo siente con el francés además de las traducciones?

Me siento muy cercana a Marcel Proust, cercanía que se incrementó después de trabajar alrededor de su prosa más o menos por dos años. Me encanta su forma de trabajar los personajes, el humor y el manejo de la descripción. Todo ello fue una revelación. Por otro lado es un autor que requiere un cierto estado de ánimo. Proust no es un autor nada más para distraerse o que desarrolle historias rápidas y ligeras, al contrario exige la colaboración y concentración del lector.

Usted es una autora muy cuidadosa de la sintaxis y la gramática. ¿Con el paso del tiempo o mejor dicho con la edad, cambia su relación con ambos elementos?

No concibo a un escritor que cuide la gramática o la sintaxis. Supongo que en mi caso es más obvio porque me gusta incorporar dentro de mis cuentos, mis propias preocupaciones sobre el lenguaje. Creo que la sintaxis, la elección de una palabra y la puntuación, hacen una profunda diferencia entre el significado llano de una expresión y lo que el autor realmente quiere decir. Con esto no quiero decir que en lo coloquial la gente este obligada a hablar correctamente siempre o que un escritor no pueda ser deliberadamente incorrecto para conseguir ciertos efectos, se puede siempre que sea en beneficio de la historia.

En su libro Ni puedo, ni quiero, la presencia de la poesía es muy notoria.  ¿Qué le aporta la poesía a su narrativa? ¿A qué poetas acude para resolver problemas narrativos?

Siempre he sido una cuidadosa lectora de poesía. Creo que la lectura de poesía nos aporta una sensibilidad distinta acerca del lenguaje y una importante noción de la concreción para decir mucho con pocas palabras. Al menos en mi caso, para resolver problemas relacionados con la narración acudo a los clásicos de la ficción, no tanto a los poetas.

¿Cómo entiende la traducción literaria: creación, recreación  o interpretación?

Es un poco de las tres, pero ante todo creo que es un arte en sí misma, porque implica la resolución de un gigantesco problema relacionado con el uso del lenguaje. En la traducción de la poesía, al contrario de la prosa, la creación y el trabajo artesanal de la palabra son muy importantes, y a uno le corresponde ser creativo con el fraseo para encontrar un buen resultado. La resolución de problemas involucrados en la traducción es una forma de recreación. Rara vez tengo que interpretar, cuando traduzco. Si sigo muy de cerca el original y respeto lo que el autor escribió, la interpretación es raramente necesaria.

¿En un nivel creativo, encuentra estimulante lo que actualmente sucede en Estados Unidos con Donald Trump?

Es una pregunta complicada, como cualquiera cuestionamiento relacionado con el presidente de mi país. Hay un cambio tan profundo, violento y rápido en mi país que la gente como yo tenemos dificultades para saber qué hacer. Para que algo me estimule creativamente, tendría que tener más objetividad o más paz emocional acerca de ello.
Pero diré que si todo esto estuviera ocurriendo en una serie de televisión, lo encontraría fascinante. Desearía que fuera tan irreal. En cambio, lloro (a veces) y estoy llena de desesperación por la destrucción que estamos viendo.

Percibo una enorme distancia entre el discurso de los artistas e intelectuales y del ciudadano común, en su país. Un ejemplo es el mismo triunfo de Trump. ¿Cómo superar esta brecha?

Esta división entre grupos que no tienen nada que ver unos con otros, es otra cosa en la que he estado reflexionando, junto con la forma de unir esas divisiones y encontrar un terreno común con otros grupos. Las divisiones son algo natural, las microcomunidades entre similares en común. Hay lugares y situaciones en las que los grupos se superponen un poco. Pero asistí a una manifestación fuera de la oficina de uno de los representantes de mi gobierno y lamentaba ver la segregación, sólo había un afroamericano y era periodista. Por ahora, le mejor respuesta que se me ocurre es la de tratar de construir pequeños y modestos puentes, esto es tratar de conectar entre personas, uno a uno y no necesariamente afines.

¿Qué consecuencias puede dejar la presidencia de Donald Trump para Estados Unidos?

Es imposible responderlo. Creo que si las cosas se siguen moviendo en la ruta que están, las consecuencias serán absolutamente terribles. Trump fue elegido, creo, debido a la creciente brecha entre los muy ricos y el resto de la población. Pero sus acciones seguirán favoreciendo a los ricos – aún más – y perjudicando a los pobres, así que todo es posible en los Estados Unidos e incluso en todo el mundo. Vivimos un momento muy peligroso. Perdone por terminar de esta manera la entrevista, pero no soy optimista. Espere un momento… en realidad esta situación está generando algo positivo: un buen número de gente que antes solía quedarse en casa, sin hacer nada, ahora está saliendo a las calles; y los activistas están tomando todavía mayor fuerza. Así que quizás es ahí donde reside la esperanza.

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