Una prostituta “VIP” acusa a un amigo del Papa de conducir una red pedófila (Artículo)

por Redacción AN abril 5, 2018 7:26 am

Temeraria jugada de los espías macristas, escribe Miguel Bonasso.

Por Miguel Bonasso

Una famosa prostituta de catálogo, motorizada por los servicios de inteligencia del oficialismo, trató de enlodar a un ex legislador opositor, amigo personal del Papa Francisco, en el tenebroso escándalo de la red de pedofilia que funcionaba en las divisiones inferiores del Club Independiente y, aparentemente, también en las de River Plate y el Comité Olímpico Argentino.

Munida de papeles suministrados por sus mandantes de los servicios secretos, la “escort” Natasha Jaitt sacudió a los numerosos telespectadores de Canal 13, en la cena sabatina de la diva Mirtha Legrand, con una andanada de acusaciones gravísimas, que incluyeron al ex diputado porteño Gustavo Vera (paradójicamente conocido por su militancia de muchos años contra la trata y los proxenetas) y a una lista de periodistas famosos de distintos medios, entre los que se encuentra el columnista Carlos Pagni, del influyente diario La Nación, curiosamente cercano al gobierno de Mauricio Macri.

Si la idea era ensuciar simultáneamente a opositores y aliados para disimular que se trataba en el fondo de una operación gubernamental centralmente destinada a destruir la imagen de Vera, (un amigo del Papa Francisco que se aloja cada dos meses en la residencia romana de Santa Marta donde vive Bergoglio), el tiro les salió por la culata y la bala se alojó en los estrados judiciales, donde amenaza quedarse y ser noticia de ocho columnas durante mucho tiempo.

Tanto Vera como Pagni acudieron a los tribunales para acusar penalmente a la Jaitt y allí la “modelo”, totalmente descontrolada, provocó un nuevo escándalo al escaparse a los gritos de la Fiscalía Federal, a donde le estaban tomando declaración, y, de paso, echar a su propio abogado, que recibió la cesantía con una sonrisa de alivio.

Gustavo Vera, que conduce la Fundación “La Alameda”, donde se ha denunciado desde hace décadas la trata, el proxenetismo y el trabajo esclavo en talleres textiles clandestinos, fue acusado por la Jaitt de ser él mismo pedófilo y apoderarse de los burdeles que hacía cerrar para explotarlos por su cuenta. Obviamente, entre los papeles que manoseaba nerviosamente la desbordada denunciante, no había ninguna prueba.

Antes de que Mirtha Legrand anunciara que la cena estaba por servirse, los comensales escucharon atónitos que Vera “explotaba tanto a prostitutas de la calle como a las de los departamentos, que tuvieron que soportar sus vejaciones y abusos sexuales de poder”. Pero los entremeses anunciados por el chef se les atragantaron, cuando Jaitt explicó que había sido contratada por una empresa de inteligencia, cuyo nombre no proporcionó, para investigar a distintas personalidades, empezando por el amigo del Papa. “¿Qué hago para esa empresa? -explicó desafiante- Filmaciones, logística. Un año de seguirlo (a Vera)”. Para redondear confesó: “Tengo más de 50 policías que me protegen. Vivo con miedo”. Una confesión interesante para alguien que, hace años, cuando gobernaba Cristina Fernández de Kirchner llegó a declarar: “(Mauricio) Macri me pagó por sexo”.

Este lunes, tan pronto se abrieron los tribunales, Vera respondió de manera contundente, querellando penalmente a Natasha Jaitt por “injurias y calumnias” y un delito más grave aún que consiste en acusar de un crimen a un inocente. Exigió la retractación pública de la vedette, a la que calificó como “proxeneta, esbirro y mercenaria al servicio del gobierno de turno”.

Pero lo más trascendente fue el contenido político de la contradenuncia, lo que hay detrás: Vera sostuvo que la Jaitt -que se autodefine como “prostituta VIP”- está bancada por Antonio Horacio Stiuso (alias Jaime), que es un agente que ya no está formalmente en la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) pero sigue operando en las sombras.” Stiuso fue desplazado por la presidenta Cristina Kirchner y se replegó a Estados Unidos, para regresar -ya en tiempos de Macri- a prestar discretamente sus servicios en las oscuras materias que domina, como la intercepción telefónica y el hackeo de computadoras. Antes de escapar concedió su primera entrevista periodística, a la revista “Noticias” donde insultó y amenazó a este corresponsal.

“Jaime”, vinculado a la CIA norteamericana y al Mossad israelí, es profundamente detestado por el Sumo Pontífice, desde que era el Cardenal Jorge Bergoglio y debía soportar a diario que los “servicios” lo “caminaran” por su enfrentamiento con el matrimonio Kirchner. “Jaime” fue encargado por Néstor Kirchner para asistir al asesinado fiscal Alberto Nisman en su investigación sobre el atentado terrorista contra la AMIA y llegó a ser Jefe de Operaciones de la central de espionaje, conocida en aquel momento por la sigla SIDE.

“Denuncié a Stiuso por enriquecimiento ilícito -recordó el ex legislador- y al prostíbulo Stavros que está a la vuelta del cementerio de la Recoleta y ahí detuvieron a un tratante y a víctimas de la trata”.

Vera recalcó que es maestro de escuela primaria desde hace 30 años, que tiene a cargo 90 alumnos de tres grados y que, por tanto, una acusación “aberrante” como la sufrida apunta a destruirlo en su vocación y en su profesión. Recordó que había donado el 60 por ciento de sus sueldos como Legislador de la Ciudad (más de un millón y medio de pesos) a instituciones de bien público y que su único sustento era el sueldo que percibía como maestro.

A la salida de los tribunales, Gustavo Vera, añadió tres declaraciones que terminaron de ennegrecer este nuevo culebrón de la decadencia argentina:

“Durante 18 años hemos sufrido numerosos atentados y si no hubiera sido por la protección del cardenal Jorge Bergoglio, hace mucho tiempo que estaríamos flotando en el Río de la Plata”.

“Hay que cuidar a Natacha Jaitt. Stiuso puede descartarla luego de usarla como al fiscal Nisman”. El fiscal Alberto Nisman apareció muerto en su departamento de un balazo en la cabeza, el 18 de enero de 2015. Hasta ahora la ineficiente (y corrupta) justicia argentina no ha logrado determinar fehacientemente si fue un suicidio o un magnicidio. Pocas horas después del balazo, el fiscal debía presentarse ante una comisión legislativa para ratificar o rectificar graves denuncias contra la entonces presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner. Una de las últimas personas que estuvo en contacto telefónico con él, fue precisamente el entonces jefe de Operaciones de la SIDE, “Jaime” Stiuso. Es evidente, por su última declaración, que Vera sospecha que Stiuso pudo ser el autor intelectual del asesinato del fiscal. Si bien, en apariencia, era el colaborador de Nisman, ya se sabe que en esas regiones del poder nadie puede confiar en nadie. Por otra parte, la muerte de un fiscal que pocas horas después, podría destruir a la Presidenta de la República es tan obvia, tan grosera, que casi obliga a pensar en la maniobra contraria: “asesinemos al hombre que acusa a Cristina para que la culpa recaiga sobre ella”.

Así van las cosas en la Argentina del poder.

 

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