Secuestros en el Metro: una incógnita estadística (Artículo)

por Témoris Grecko febrero 8, 2019 9:16 am

Según ONU Mujeres, en el país se cometen 7.5 feminicidios al día. Cada semana, nos enteramos de dos o tres, pero son más de 50. Así está de grave, escriben Paola Pacheco y Témoris Grecko.

Por Paola Pacheco y Témoris Grecko

Varias amigas nos han comentado que se sienten muy mal -unas con ansiedad, otras con pavor- porque están secuestrando mujeres en el Metro.

Unas dicen que ya no quisieran usarlo. Pero ¿cuál es la alternativa? No es que el Metrobús, ni mucho menos las micros, estén mejor. Y Uber no es una opción especialmente económica, ni tan segura.

Nos pusimos a buscar cifras. Según ONU Mujeres, en el país se cometen 7.5 feminicidios al día. Cada semana, nos enteramos de dos o tres, pero son más de 50. Así está de grave.

Luego vimos el dato que aparece en el reportaje “El triángulo de las Bermudas en el metro mexicano: 153 desaparecidos en cuatro años”. No distingue por género. Pero 153 entre 2016 y enero de 2019, da 4 por mes.

Y cada día, se hacen 5 millones y medio de viajes en metro: no son las Bermudas.

El tema ha tomado mayor relevancia en las últimas semanas debido a las denuncias en redes sociales y a la cobertura mediática que se le ha dado. La discusión sobre el tema es importante y debe ser una llamada de alerta: lo primero que salta a la vista es que las autoridades no habían detectado el problema, ni mucho menos tomado medidas al respecto.

Después, que no tenemos estudios serios, que nos urge saber de entrada cuál es la cifra real, cuántos intentos de secuestro en el Metro hay, cuántos no se denuncian, dónde los realizan, cuáles son los modus operandi.

Hacen falta además encuestas profesionales porque la verdad es que no sabemos cuál es el tamaño del problema. Sólo hay 4 denuncias formales por mes pero sin duda hay muchos más casos. Según la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE, 2017), en 2016 se denunció solo el 9.7% de los delitos. Esto significa que esas 4 denuncias al mes podrían ser 40, o más, o menos: hace falta averiguar cuántos casos son para saber qué hacer.

La falta de denuncias no sugiere, obviamente, que el fenómeno no existe, sino que tenemos un vacío de información derivado del miedo de las víctimas a denunciar y tener represalias por parte de sus agresores, de la falta de perspectiva de género en los Ministerios Públicos, lo que conlleva a la desestimación de numerosos casos, y a la clasificación incorrecta de algunos de ellos.

La cuestión es: si hubiera 40 casos semanales en el Metro capitalino, o sea, casi 6 diarios, y 5.5 millones de viajes por día, de los que 2 o 3 millones son hechos por mujeres, ¿no parece más peligroso el exterior, con sus 7.5 feminicidios diarios?

Las probabilidades de que alguien muera en un accidente de automóvil son de 1 en 114. Las de morir en un accidente aéreo son de 1 en 9,821. O sea: tenemos 86 veces más posibilidades de morir por un coche que por un avión.

Pero para muchas personas, subirse a una aeronave provoca malestares, enfermedades, ansiedad, pánico… hasta ataques al corazón. Se mueren del miedo imaginado.

Tiene toda la importancia exigirles a las autoridades, y a la sociedad, que tomen cartas en el asunto: no puede ser que en un espacio tan vigilado y concurrido como el Metro, se produzcan robos, acoso sexual, agresiones y, como si faltara algo, secuestros.

Por eso, ante el miedo y preocupación que despertó la situación, muchas mujeres se organizaron de distintas formas. Hubo quienes crearon y difundieron mapas para identificar colectivamente las zonas y horarios de riesgo para así poder compartir consejos de seguridad entre ellas. Hay quienes crearon grupos de WhatsApp para salir o llegar a estaciones del Metro en grupo. Otras se reunieron para impulsar la autodefensa. Muchas de ellas convocaron y se encontraron en las actividades de protesta y exigencia del día viernes 1 y 2 de febrero en las calles de la Ciudad de México.

Sin embargo, creemos que no hay que sacar las cosas de su dimensión correcta: en tanto los datos confirmados no demuestren lo contrario, el riesgo estadístico de secuestro en el Metro es ínfimo y no debería disuadir a las mujeres de utilizarlo como lo han hecho hasta ahora. Esto no es desestimar la situación. No les hacen falta más motivos de inquietud. Es por eso que una vez más, ante muchas incógnitas, decidieron organizarse y salir a las calles.

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