Natalia Trigo, ganadora del premio Aura Estrada, analiza las implicaciones de la migración

por Redacción AN / HG octubre 8, 2019 8:58 am

La escritora recibirá el reconocimiento en la Feria Internacional del Libro de Oaxaca.

Por Héctor González

La mexicana Natalia Trigo, radicada en Houston, Texas, ganó de la sexta edición del Premio Internacional de Literatura Aura Estrada 2019.

El jurado conformado por Liliana Colanzi, Tatiana Lipkes, Martín Solares, Francisco Goldman y Gabriela Jáuregui, reconoció a la narradora por el proyecto de novela Marfa. El dictamen señala que la obra habla sobre migración, “pero con retos estilísticos particulares como el de no mencionar palabras como frontera, país, muro o migrante. Una decisión formal pero también política, que logró cumplir”.

El relato aborda las experiencias de una mujer que se enfrenta a una situación incierta con respecto a su estatus migratorio en Estados Unidos. Su circunstancia se complica con la presencia de su hija, su expareja y sus amantes fortuitos, quienes cuentan con una situación legal y étnica distinta a la suya. A lo largo del texto se ahonda en su incertidumbre, su búsqueda de pulsión vital y su desasosiego, los cuales la llevan a un viaje intempestivo de Texas hacia Nuevo México para encontrarse con su padre.

El reconocimiento a entregarse en la próxima Feria Internacional del Libro de Oaxaca consiste en diez mil dólares y residencias de hasta dos meses en Wyoming y Nueva York, Estados Unidos; La Toscana, Italia; y Oaxaca, México. Además, la revista Granta en español publicará una colaboración de la ganadora.

¿Cómo nace Marfa?

Mi proyecto nace como una inquietud personal después de un largo tiempo de lectura y estudio de textos migratorios y fronterizos. Me interesaba sumarme al diálogo contemporáneo que va más allá de la tradición literaria en donde el ethos hispánico y angloamericano se muestran como adversarios, o bien, en donde se establece una suerte de misoginia étnica (pues los personajes mujeres se encuentran relegadas a los mandatos y las necesidades de los hombres), o funcionan como metáfora de la madre patria a quien le interesa mantener sus costumbres y tradiciones, su cosmovisión y su lenguaje intactos para el momento de regreso a su lugar de origen. (Me estoy refiriendo, sobre todo, a los textos del siglo XX que abordan el tema migratorio México-Estados Unidos).  Por su parte, muchos textos contemporáneos que abordan el tema migratorio y fronterizo han diversificado y complejizado la figura del migrante, así como la manera en la que se escribe de ellos y de ellas, y yo quería sumarme a esta conversación.

Entiendo que la historia busca por consigna, centrarse en la intimidad de la protagonista y no tanto el discurso social acerca de la migración, ¿por qué hacerlo de esta manera?

Me interesa hablar desde la perspectiva del cuerpo femenino y desde el interior, y por interior me estoy refiriendo a la vida íntima del personaje, pero también al interior de Estados Unidos. Quería ahondar en las sutilezas de lo que significa e implica ser migrante, porque, aunque todos seamos migrantes lo somos de diferentes maneras, incluso cuando venimos del mismo país.  Considero que es en la intimidad, en lo cotidiano, en el campo de lo onírico en donde se manifiesta mucha de la violencia sistémica. Pero también, creo que es precisamente en estos lugares en donde ocurren las grandes resistencias y transformaciones del lenguaje y de la vida, y eso es lo que busco retratar.

¿Cómo abordar el tema migratorio sin terminar haciendo una apología del migrante?

No creo que haya nada de malo con las apologías de los migrantes. A mí no me interesaba que fuera el único aspecto rescatable de mi texto. ¿Somos primero migrantes o mujeres? ¿hispanas o madres? ¿hijas o indocumentadas? Creo que optar por leer a cualquier persona (o personaje) desde una sola categoría aplana nuestro entendimiento de la experiencia humana. A veces, cuando hacemos el amor, por ejemplo, o nos reímos a carcajadas, o entramos a un salón de clases, o caminamos por la calle se nos olvida que somos una u otra de las categorías identitarias que nosotros hemos adoptado, o que otros nos han otorgado (o impuesto) y surgen nuevas categorías. A mí me interesaba mostrar estas inexactitudes e indefiniciones al mismo tiempo que retratar cómo nunca logramos escapar completamente de ellas.

¿Por qué se ha instaurado la porno miseria o porno violencia hacia este tipo de historias?

Para contestar esa pregunta tendríamos que ahondar en muchos aspectos socio-políticos y económicos que darían para varias tesis. Diré sólo que no quería usar la violencia explícita como una manera otorgarle fuerza al texto. Claro que ésta existe en el mundo y debe ser denunciada, pero mucha de esta violencia se manifiesta de maneras implícitas todos los días, sólo que estamos tan acostumbradas a ella que no nos damos cuenta de cuánto nos impacta o nos hace daño. Yo quería hablar de esas otras formas de violencia, pero también, hablar de las cosas maravillosas que tiene el estar vivo.

¿Qué rasgos de tu propia experiencia de integración en Estados Unidos se filtran en la novela?

El rasgo fundamental sería la forma en la que habitar otro territorio reconfigura nuestra percepción de nosotros mismos y de los demás. Cómo las categorías implícitas o explícitas que surgen y se imponen al habitar y moverte en un territorio y en un contexto determinado te obligan a replantearte cómo te percibes a ti mismo, quién eres, y cómo. ¿Puedes seguir siendo tú frente a otros que hacen una lectura distinta de quién eres o de lo que crees que eres? ¿Qué cambia cuando aquellos cercanos a ti empiezan a leerte también a partir de esas nuevas categorías?

Formas parte del taller de escritura creativa de Cristina Rivera Garza, quien también apuesta por una narrativa distinta respecto a fenómenos como la violencia. ¿Qué te ha descubierto formar parte de este taller?

Para empezar, la oportunidad de formar parte de un diálogo más abierto y cercano con otros escritores, editores y traductores que apuestan por una visión más inclusiva, compleja y crítica de la literatura y del mundo editorial.  También el entendimiento de que la escritura conlleva horas de lectura y edición, así como una gran capacidad de autocrítica y autoanálisis. Por último, la constante reflexión sobre cómo podemos acercar la literatura a las comunidades que nos rodean y, en la medida de lo posible, encarnar en nuestros textos las problemáticas que atañen a estas comunidades.

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