‘Al ritmo del corazón’, la historia del bailarín cubano que dio la vuelta al mundo

por Redacción AN / HG noviembre 8, 2019 6:47 am

La película de la directora española Icíar Bollaín, se estrena en las salas del país.

Por Héctor González

Antes que ser bailarín, Carlos Acosta soñaba con jugar futbol. Una maestra tozuda y un padre tan estricto como aferrado lo pusieron en el camino de la danza. Creció en las calles de La Habana bailando break dance y poco a poco comenzó a destacar. Su talento lo llevó a pisar escenarios en Estados Unidos y Europa.

En Reino Unido, se convirtió en el primer bailarín negro en interpretar a “Romeo”. Buena parte de su historia se cuenta en Sin mirar atrás, sus memorias.

Para la cineasta española y ganadora del premio Goya, Icíar Bollaín y para su esposo, el escritor Paul Laverty, la historia del artista cubano es por sí misma digna de película, una película que por cierto ellos se dieron a la tarea de rodar bajo el nombre de Al ritmo del corazón.

¿Qué te llamó la atención en la historia de Carlos Acosta?

Lo extraño sería no encontrar razones para filmar su historia. Al leer Sin mirar atrás descubres la vida de un niño que no quería bailar y sin embargo, llegó a ser una de las grandes estrellas de la danza. Nació en un barrio pobre de La Habana y sin ninguna opción de ser bailarín, pero tal vez por ser cubano y tener acceso a la educación consiguió formarse. Fue el primer ‘Romeo’ negro en Londres. Su vida tiene muchos elementos dramáticos: sacrificio, perseverancia y como fondo los últimos cuarenta años de Cuba.

¿Qué tan cercano estuvo a Carlos Acosta a lo que se cuenta en la película?

No impuso nada. Conocía nuestras películas y fue muy respetuoso al guion de Paul Laverty. Incluso algunas coreografías fueron creadas expresamente para Al ritmo del corazón, de modo que dejó casi todo en nuestras manos. Vio la película casi como un espectador más.

Buena parte de la película reposa en la compleja relación con su padre. ¿Por qué te interesaba destacar esta parte?

Cuando alguien llega tan lejos, aparte del talento y esfuerzo, se necesita de un resorte que te impulse a alcanzar un nivel sobrehumano. Carlos tuvo como tutora a una maestra maravillosa que todavía enseña a niños en Cuba, pero también a su padre. Ambos lo llevaron por un camino que en principio no le gustaba nada. Desde el guion, Paul entendió que la espina dorsal del conflicto iba por el lado del padre. Al final, a pesar de que su relación tiene rasgos brutales, Carlos dedica las memorias a su padre y lo ve como la estrella de su vida.

¿Qué tan matizada estuvo la relación de Carlos Acosta con Alicia Alonso, la dama de la danza cubana?

Nos inspiramos en lo que Carlos cuenta en su libro. Alicia Alonso está en la película porque él le pide permiso para ir a bailar a Houston y ella se lo da, al menos eso es lo que dice en sus memorias. Después, a su regreso de Londres, se reincorporó al Ballet Nacional de Cuba, donde ella lo colocó en una posición menor a la que tenía en Reino Unido. Para él esto fue humillante. Si no incluimos el episodio fue porque no cabía. En el libro Alicia Alonso figura poco porque en verdad, Carlos apenas bailó en Cuba.

Aunque sí está documentado un desencuentro.

Carlos cuenta que durante su encuentro Alicia Alonso estuvo fría, no más.

La edición de la película tiene un ritmo muy sincronizado con la danza. ¿Cómo trabajaron esta parte?

Fue una apuesta de guion. Paul propuso convertir algunas escenas de ficción en coreografía. Necesitábamos una danza narrativa y no abstracta, de lo contrario podíamos perder al espectador. Al final creo que el experimento salió bien.

Vemos también la realidad cubana como un nostálgico telón de fondo. ¿Por qué generar esta atmósfera?

En Sin mirar atrás, Carlos todo el tiempo echa de menos Cuba. Seguramente mantiene cierta idealización sobre su país y nosotros quisimos respetar su forma de ver a su tierra y a su infancia.  No es extraño que muchos cubanos tengan un buen recuerdo de los años ochenta. No había carencias, alcanzaba para todos. Después vino el Periodo Especial y la crisis, pero insito eso fue después.

¿Simpatizas con esa visión?

Fui por primera vez a Cuba en 1991, año en que empezó el Periodo Especial y la gente hablaba con nostalgia de los ochenta porque se vivía de manera modesta pero bien. Creo que con el tiempo se han ido desilusionando porque hay cosas, como el sistema de salud, que ya no funcionan igual. No idealizo Cuba, sólo que en la película la miro a través de los ojos de Carlos.

¿Qué te comentó Carlos Acosta después de ver la película?

No paró de llorar la primera vez que la vio. Está muy agradecido, siente que se ha contado su vida y ve la película como un regalo para sus hijas. Incluso cuando la proyectamos en la Sala Carlos Marx de La Habana, mucha gente se conmovió. Fue mucha gente negra que se sorprendió con el racismo que se exhibe. Al final creo que la vieron como una película muy cubana.

Entiendo que la circulación de Sin mirar atrás en Cuba no ha sido fácil.

No sé si ya está circulando. Cuando rodamos estaba la idea de que a Alicia Alonso podría no gustarle y se empaquetó. No entiendo por qué. Carlos no hace un ajuste de cuentas con nadie, es un libro para quedarse en paz.

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