Nuevo consenso constitucional: ¿Hacia una Asamblea Nacional Constituyente?

por Rogelio Muñiz Toledo febrero 9, 2019 1:39 pm

Rogelio Muñiz Toledo   La Constitución de un país no es obra de su gobierno, sino del pueblo al constituir un gobierno: Thomas Paine* En el centésimo segundo aniversario de la Constitución de 1917, el presidente López Obrador dijo que a la Cuarta Transformación correspondería una nueva constitución, pero que “no hay condiciones para eso” […]

Rogelio Muñiz Toledo

 

La Constitución de un país no es obra de su gobierno, sino del pueblo al constituir un gobierno: Thomas Paine*

En el centésimo segundo aniversario de la Constitución de 1917, el presidente López Obrador dijo que a la Cuarta Transformación correspondería una nueva constitución, pero que “no hay condiciones para eso” porque hay otras tareas que considera más importantes, por lo que dejará a las nuevas generaciones la responsabilidad de convocar a un constituyente que apruebe la constitución del nuevo régimen.

El Presidente ha dejado claro que ir a un constituyente no está entre sus prioridades; convendría saber, con esa misma claridad, cuáles son los alcances reales del cambio que se ha propuesto con su Cuarta Transformación.

Porque si efectivamente se propone el cambio del régimen político y del modelo de desarrollo del país, será inevitable construir un nuevo consenso constitucional, que difícilmente se logrará por la vía ordinaria de reformas a la constitución

En este espacio he señalado que el proceso para llegar a la fundación de la IV República, pasa por una reingeniería constitucional que genere nuevos equilibrios y debiera concluir con una Asamblea Nacional Constituyente que elabore y apruebe una nueva constitución, en la que se reflejen los consensos constitucionales del nuevo régimen.**

Para transformar al régimen y refundar la República no bastarían las reformas que el Presidente ha propuesto. Crear la Guardia Nacional, eliminar el fuero, la revocación del mandato, la nueva reforma educativa, elevar a rango constitucional la definición de corrupción y combatirla efectivamente, acabar con la impunidad y profundizar en la democracia, son solo una parte de las reformas constitucionales necesarias para dar paso a la IV República. Son un primer paso -importante y urgente- para restablecer el estado de derecho, pero insuficiente para cambiar el régimen político y el modelo de desarrollo del país.

Si el Presidente busca la transformación del régimen y del modelo de desarrollo, y no sólo el restablecimiento del estado de derecho y la consolidación de la democracia, será necesario lograr consensos con todas las fuerzas políticas para acordar una agenda y la ruta para una profunda reforma constitucional que permita establecer las bases del nuevo régimen.

El cambio del régimen político y el abandono del fracasado neoliberalismo, para dar paso a las instituciones de un auténtico Estado social de derecho, requieren un nuevo consenso constitucional con la concurrencia de las oposiciones y de los ciudadanos.

Me parece que tiene razón el Presidente de la República cuando dice que en este momento no hay condiciones para convocar a un constituyente, pero para lograr el cambio del régimen político y el establecimiento de un Estado de Bienestar, será necesario crearlas, porque no parece que las oposiciones estén dispuestas a acompañar al gobierno en todas las reformas constitucionales que requiere la agenda política de cambio.

Para que existan las condiciones de ir a un constituyente, en primer lugar sería necesario que el Presidente decidiera invertir parte de su capital político en crearlas; a lo cual no parece estar dispuesto, porque como lo ha dejado claro en el discurso de Querétaro, él considera que esto complicaría la operación de su gobierno y prefiere apostar por la negociación, reforma por reforma, en el Congreso de la Unión; estrategia que en los primeros cincuenta días de su gobierno resultó ineficaz.

En segundo lugar se requeriría que los sectores más conservadores y resistentes al cambio, en particular los que apuestan por mantener el modelo neoliberal y quienes se niegan a perder los privilegios que heredaron del antiguo régimen, no vieran en el constituyente una posibilidad para que el Presidente y su grupo político, aprovechando su popularidad y su mayoría, elaboraran “su constitución”; sino la oportunidad para negociar la agenda de cambio político y llegar a un consenso constitucional que se construya con una amplia participación ciudadana y no solo mediante un pacto entre algunas fuerzas políticas.

Esto solo sería posible si las condiciones de la convocatoria, el momento de la realización de la elección, la elaboración del proyecto de constitución y las reglas para la integración, funcionamiento y toma de decisiones en el constituyente fueran tales que despejaran cualquier duda sobre la posibilidad de que la elaboración y aprobación de la constitución quedaran exclusivamente en manos del gobierno y de su mayoría política y parlamentaria.

Hoy muy pocos ven en la convocatoria a un constituyente una vía viable y eficaz para lograr y consolidar el cambio. Tal vez la dinámica política del cambio, y las resistencias al mismo, haga que modifiquen su opinión y terminen viéndolo como la única salida para evitar una crisis institucional.

Por lo pronto, para que la ruta al constituyente sea viable, será necesario convencer a quienes ahora no apuestan por esta vía -desde el gobierno que cree que puede lograr sus reformas acordando con unas oposiciones que solo ven hacia la próxima elección, hasta las sectores más resistentes al cambio, pasando por las cúpulas de los partidos y los liderazgos parlamentarios partidarios del statu quo- que el impostergable cambio del régimen político y del modelo de desarrollo, y sobre todo la legitimidad y la estabilidad del nuevo régimen, solo serán posibles si nos ponemos de acuerdo para ir a un constituyente, bajo la premisa de que la nueva constitución deberá ser una obra colectiva para consolidar un cambio consensado, y no el programa de una fuerza política o el proyecto de un gobierno o de una persona, plasmado en la constitución.

Tenemos una exitosa experiencia reciente que confirma que esto es posible: la Asamblea Constituyente y la Constitución Política de la Ciudad de México.

* Filósofo, político y revolucionario angloamericano. Es considerado uno de los padres fundadores de los Estados Unidos de América

** “¿Nuevo presidencialismo mexicano?”, publicado el 28 de julio de 2018, y “López Obrador, presidente: ¿Hacia la IV República?”, publicado el 1 de diciembre de 2018.

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