‘Hay una intolerancia hacia a el otro latente en todos lados’: Jordi Soler

por Redacción AN / HG octubre 9, 2019 9:54 am

En ‘La guerra perdida’, el escritor habla de su pasado y sobre migración.

Por Héctor González

El origen de La guerra perdida (Alfaguara), es como el de muchos libros: circunstancial. Cuando Jordi Soler (La Portuguesa, Veracruz, 1963) publicó por separado Los rojos de ultramar, La última hora del último día y La fiesta del oso, no sabía que en realidad estaba construyendo una trilogía de aventuras cuyos temas de fondo eran el exilio, la migración y la integración cultural.

Tuvieron que pasar varios años para que el narrador mexicano y afincado en Barcelona, comprendieran la verdadera dimensión de un corpus literario que dada la coyuntura cae en un momento más que oportuno.

¿En su origen pensó las novelas como una trilogía?

No, a mi editor fue a quien se le ocurrió reunirlas en un solo volumen. Al principio desconfié de su proyecto, porque al verlas caí en cuenta de que como suele suceder, los editores tienen razón. Cada historia se puede leer detrás de otra y al final se tiene un libro más completo.

En cierto sentido son las tres se pueden ver como novelas de aventuras, incluso con algún eco de Conrad.

Me encanta que digas eso: son novelas de aventuras. Varios lectores y sobretodo críticos me han hecho ver los rasgos conradianos. Puede ser, pero este tipo de disertaciones les corresponden a los lectores, por supuesto he leído varias veces El corazón de las tinieblas y si hay alguna influencia me alaga.

¿Al leer las historias hay una especie de mapa de tu pasado?

Comencé a escribir la trilogía mientras vivía en Dublín, Irlanda. Es curioso porque en estricto sentido ahí cuento la historia de mi vida. Nunca antes había escrito algo relacionado con el tema. Fue hasta que estuve lejos de México y de Barcelona, el otro polo de las novelas, cuando me puse a escribirlas. Hoy tengo la sensación de que necesitaba alejarme del objeto de mi escritura para observar bien el paisaje.

¿Qué ganó la trilogía con la perspectiva de la distancia?

Desde fuera se ven las cosas de otra manera. Mientras estaba en Irlanda escribiendo Diles que son cadáveres, el director de la revista dominical del diario de El País me pidió una pieza larga acerca de mi historia en la comunidad de exiliados catalanes en México. A partir de ese momento se abrió un grifo de toda esa vida que tenía un poco archivada. Después del artículo me puse a escribir Los rojos de ultramar.

Perteneces a una de las primeras generaciones que se acercan al exilio sin el tamiz nostálgico de mediados de siglo XX.

Esto se debe a que soy nieto del exilio. Nosotros buscamos integrarnos al país en turno y llevar una vida normal. La vida del exiliado no es normal. Siempre anhela la tierra que dejó y a la cual no puede volver. A mí me tocó nacer en una tribu de exiliados en La Portuguesa, un pueblo de Veracruz en donde tuve una infancia bastante feliz. Conocí la parte cómoda de este fenómeno por eso puedo escribir al respecto de una manera objetiva y desenfada.

Supongo que en principio no tenías tanta conciencia de esto, pero creo que el libro plantea una reflexión sobre la integración cultural.

Puede ser y pensar en esto no nos viene mal. Los pueblos alrededor de la comunidad donde crecí hablaban otomí o náhuatl, para entendernos usábamos el español. Era una comunidad próspera en donde todos trabajan con un objetivo más o menos similar. Ahora que en México estamos viendo episodios de xenofobia hacia los migrantes centroamericanos, me parece necesario leer este tipo de episodios. Durante la caravana se dijeron cosas terribles y a la altura del peor racismo europeo.

Aunque esto no es exclusivo de México, lo vimos hace poco con el tiroteo en El Paso o los separatismos en España.

No hay país que se salve. Lo sucedido en El Paso es una atrocidad. Hay una intolerancia hacia el otro latente en todos lados.

Lo escucho y por ahí se asoma una apreciación por la responsabilidad social de la literatura, ¿es así?

No, en mi caso la responsabilidad consiste en escribir buenas novelas. Si las lecturas posteriores le dan una dimensión social, ya es un plus.

La publicación de La guerra perdida con todo y tu reflexión acerca de la integración cultural, coinciden con una tentativa por revivir el debate acerca de la Conquista.

Imagínate que yo desde niño cargo con este conflicto. Soy mexicano pero mi familia es española. Cuando en mi pueblo salían a matar gachupines me tenía que esconder. Yo no era gachupín sino mexicano, tan mexicano como ellos. Todo este conflicto sigue vivo. La relación con el español es complicada. En cierta manera se le admira, pero a la vez hay rencor por la Conquista, lo cual me parece una soberana tontería. Ya pasaron quinientos años. Ni los españoles de ahora tienen que ver con Hernán Cortés. Ni los mexicanos de hoy tenemos que ver con prehispánicos de entonces.

Al final, son libros sobre migración también.

La migración es la historia del mundo. Todos venimos de una pareja de señores negros en la sabana africana. Somos lo que somos gracias a que sus hijos y nietos fueron emigrando y poblando el mundo. La migración es una constante a la que necesitamos terminar de acostumbrarnos.

Aunque no nos terminamos de acostumbrar.

Me parece que nuestra especie es de memoria corta.

libros

Contenido relacionado

Te recomendamos

Lo más leído

Escribe un comentario

Nota: Los comentarios aquí publicados fueron enviados por usuarios de Aristeguinoticias.com. Invitamos a los usuarios a aprovechar este espacio de opinión con responsabilidad, sin ofensas, vulgaridad o difamación.


Si encuentras algún contenido o comentario que no cumpla con los requisitos mencionados, escríbenos a comentarios@aristeguinoticias.com

Viral