Reies López Tijerina, el mexicoamericano que puso a Estados Unidos contra las cuerdas

por Redacción AN / HG mayo 10, 2019 7:43 am

El cineasta Ángel Estrada Soto cuenta su historia en el documental ‘Me llamaban King Tiger’.

Por Héctor González

Reies López Tijerina marcó un antes y un después en Nuevo México. Su activismo por recuperar las tierras que les fueron arrebatadas, lo llevó ser un referente para los Black Panthers o Malcolm X. Ubicado en el polo apuesto de César Chávez, fue un hombre beligerante y a quien no le importó manejar un discurso incendiario.

A fin de rescatarlo del olvido, el realizador Ángel Estrada Soto recupera su historia en Me llamaban King Tiger, un documental que descubre a un personaje provocador y aún incómodo para el establishment.

Reies López Tijerina es uno de esos personajes que una vez descubierto te preguntas, ¿cómo es que no lo conocías?

El 95 por ciento de quienes ven el documental no lo conocían. Yo mismo no sabía gran cosa de él. Mi único referente era su asalto a una corte. Sin embargo, entre 2008 y 2009, mi amigo, el escritor Wilebaldo Delgadillo me habló de él y me comentó que vivía en Ciudad Juárez. Hice un primer intento por acercarme, pero debido al tipo de vida que había llevado era un hombre muy desconfiado. En 2013 volvía buscarlo pero con una estrategia distinta: sin cámara. Me tomó varios meses convencerlo de mi interés legítimo por contar su historia.

Reies tiene al menos dos facetas: el activismo y la religión. ¿Cómo convivían en él estos dos perfiles?

Mi atracción hacia su historia parte del activismo y de la épica que supone enfrentarse a un sistema tan poderoso como el estadounidense. Conforme agarró confianza me habló de sus convicciones religiosas. Así descubrí que una cosa es consecuencia de la otra. El activista convencido y furibundo tiene que ver con el predicador. Solamente conociendo sus bases religiosas se pueden entender sus argumentos ideológicos.

Aunque realmente era una persona belicosa…

Inicialmente su lucha iba por la vía legal y pacífica, pero al descubrir la cerrazón del gobierno estadounidense respecto al tema de las tierras en Nuevo México, cambió la estrategia. Provocó un enfrentamiento para llevar su tema al terreno legal. Su problema fue encontrarse con jueces reacios a su causa, es entonces cuando su movimiento se radicalizó al punto de que el FBI lo clasificó como alguien muy peligroso, incluso más que los Black Panthers.

¿Qué conclusiones sacas del juicio que enfrenta por tomar la corte?

Tijerina se defendió asimismo. Los Black Panthers le enviaron a su abogada y Martin Luther King hizo lo mismo, pero él prefirió tomar la defensa en sus propias manos. Me parece que esto se debe a que su acusador Alfonso Sánchez, era un fiscal que representaba todo lo que detestaba: un mexicano que defendía los intereses de los blancos. Quería vencerlo en su territorio. En un primer juicio lo consiguió, pero como se tenía la consigna de encarcelarlo a toda costa, en un acto inédito lo condenaron por otros cargos adicionales al asalto a la corte. El proceso tuvo tales particularidades que es considerado objeto de estudio en las facultades de derecho en la Unión Americana.

¿Tijerina conoció a César Chávez?

Sí, no hablamos mucho de eso, pero me contó que cuando César Chávez estaba en huelga de hambre fue a saludarlo y a ponerse a sus órdenes. Chávez prefería moverse por la vía legal y Tijerina comprendió que su presencia podía inquietar a sus simpatizantes.

Si pensamos que fue un referente para Malcolm X o Martin Luther King, su olvido es todavía más extraño.

En los sesenta aparecía en periódicos y revistas nacionales. Coincidió con ellos en eventos, era una figura relevante. En Nuevo México se realizó una exposición sobre la historia del estado y en un video sobre Tijerina dijeron que había muerto durante los setenta, a pesar de que entonces todavía vivía. La intención de borrarlo de la historia responde a su impacto. En Estados Unidos los referentes latinos o mexicanos son pocos. César Chávez es el obvio, pero Tijerina representa todo aquello que el establishment teme. Su lucha no era por derechos, sino por la propiedad de la tierra. A partir del movimiento tijerinista el trato de los mexicoamericanos cambió en Nuevo México. La controversia que despierta su figura lo ha llevado al olvido por parte del propio movimiento chicano. Sus opiniones religiosas y su vida privada le han generado animadversiones.

¿El olvido a Tijerina que tanto se debe a sí mismo?

Cuando salió del siquiátrico trató de generar un movimiento nuevo y reconciliatorio, pero ya no encontró cabida. Parte de su magnetismo se debía a su retórica iracunda. Al cambiar, perdió eco. Además, encontró un acoso brutal de la policía hacia él y su familia. Su manera de protegerse fue desaparecer de la vida pública. Sin embargo, creo que su ausencia tiene más que ver decisiones institucionales.

De cara a la coyuntura actual tu documental muestra que la lucha de los migrantes ha sido una constante.

Las condiciones de marginación que sirvieron como base para que el movimiento de Tijerina están regresando. La justificación de la xenofobia se ha recrudecido a partir de la llegada de Trump. La película sirve para mirar de qué está hecho Estados Unidos. Muchos habitantes de Nuevo México no migraron nunca, la frontera los cruzó a ellos. Ya estaban ahí desde hacía generaciones. Estados Unidos se apropió de sus terrenos y de ellos mismos.

¿Por qué personajes como César Chávez, Eduardo Guerrero o Reies López Tijerina tienen tan poco impacto en el sur del país, incluyendo a la capital?

Hay un gran desconocimiento del México que existe del otro lado de la frontera. Predominan los estereotipos. La migración ha avasallado cualquier otra forma de conocer al mexicano que habita en Estados Unidos. La información que nos llega a través de los medios tiene que ver con la inmediatez y en cierta forma es superficial. Pensamos que todos los mexicoamericanos son migrantes y no es verdad. Muchos nacieron ahí y conservan el idioma y las tradiciones. Nos falta generar vínculos comunitarios y apoyar sus causas. A veces, pensamos que desde aquí tenemos las soluciones a sus problemáticas, pero no es verdad.  Ellos tienen decenas de años organizados, conocen su historia y las soluciones. Realmente no sabemos qué necesitan de nosotros.

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