‘Necesitamos replantear la relación entre los medios y el poder’: Pedro Ángel Palou

por Redacción AN / HG octubre 10, 2018 1:17 pm

En su novela ‘Todos los miedos’, el escritor pone sobre la mesa los riesgos que implica ser periodista en un país como México.

Pedro Ángel Palou terminó de escribir Todos los miedos (Planeta), justo el día en que mataron a Javier Valdez Cárdenas a la salida del periódico Ríodoce. Un ejemplo más de que en México la realidad supera a la ficción. Y es que precisamente en su nueva novela, el narrador poblano da vida a Daniela Real, una reportera que padece la persecución y los riesgos que decenas de colegas enfrentan por hacer informar sobre el modus operandi del crimen organizado y de sus nexos con los círculos políticos.

Escrita a ras de asfalto y en clave de thriller, la historia transcurre en once horas, lapso de tiempo suficiente para profundizar desde la dimensión humana sobre las aristas de la impunidad y la inseguridad que se vive a diario.

 Después de publicar varias novelas históricas ahora presenta una historia vinculada con el presente mexicano…

Cierto. Me comencé a cuestionar si la realidad cruda y dura no requería de una inmersión a fondo en el presente.  Creo que Todos los miedos es un documental de la realidad mexicana, pese a que todo está comprimido a once horas.

Tan en el presente que la periodista y protagonista se llama Daniela Real, en clara alusión a Daniela Rea.  

Sí, incluso le mandé a Daniela la novela. No es un libro sobre ella, pero sí un homenaje a su valentía y a lo que hace. Me respondió con una carta muy generosa donde me decía: “ojalá yo fuera tan valiente como tu protagonista”. Por supuesto ella es igual de valiente e incluso más, como también lo son otras mujeres que hacen la crónica del espasmo y dolor en que vivimos.

Todos los miedos se alimenta de casos reales llevados a la ficción, ¿no?

Sí, claro que todo lo que se narra no pueden ocurrirle a una persona en once horas. Pero es verdad, todo está documentado.  Seguí el mismo proceso que uso con la novela histórica. Si alguien curioso se pone a cotejar los casos de violaciones, descubrirá que son reales. Tan es así que la protagonista hace un mapa de feminicidios para ponerle nombre y apellido a las víctimas. Todas víctimas que vemos en el libro son reales.

¿Falta una conexión de la literatura con el presente más allá del narcotráfico?

Se ha escrito mucho desde la crónica, pero creo que falta en la ficción. Hay una literatura de la violencia que trabajan muy bien autores como Élmer Mendoza o Martín Solares, sin embargo, tengo un cierto resquemor de la literatura que inunda el mercado y donde se plantea una idea casi aspiracional del narco. El presente nos lo han contado las y los periodistas que hacen reportaje de fondo y que como difícilmente tiene salida en sus medios terminan publicándolo en forma de libro. A los dueños de los medios no les interesa pagar lo que cuesta un trabajo a largo plazo y menos aún, pelearse con los anunciantes y el poder.

Después de escribir y reflexionar sobre periodismo y sobre periodistas, ¿Cuál es su opinión de la relación actual entre los medios y el poder?

Necesitamos replantear la relación entre los medios y poder. En este periodo larguísimo de transición, veo que algunos medios se están queriendo congraciar con el poder entrante sin que necesariamente alguien les pidiera que quiten periodistas. Incluso, se cuidan de un posible recorte en la publicidad gubernamental recortando columnistas o personal. Hay una revuelta en los medios, producto de querer congraciarse con el poder sin saber todavía cómo será esta relación.

¿Qué opina de que Andrés Manuel López Obrador use calificativos como “prensa fifí”?

El presidente electo sigue en campaña y sigue apelando a su base electoral, es donde se siente más cómodo. Creo que su equipo es más coherente. No veo a Olga Sánchez Cordero diciendo “prensa fifí”, de hecho, ella le ha enmendado la plana varias veces. El presidente y su partido tendrán que entender que ya no son oposición y que ahora hay que ejercer el poder de manera distinta, que fue lo que nos vendieron en campaña. Y una forma de hacerlo es a través de la relación con los medios. No quiero ver a un presidente respondiendo con tuits como Donald Trump. López Obrador debe concentrar sus esfuerzos en cosas más importantes que en hacer ese tipo de declaraciones o que en darle un beso a una reportera para no contestarle, gesto que me parece más reprobable porque implica anulación. Esta es la relación que debemos cambiar. Los medios están para transparentar al poder y como Daniela Real dice, en este país durante mucho tiempo todavía se tendrá que hacer un periodismo justiciero.

¿Y la literatura?

También, pero de otra manera. No le puedes pedir a un novelista que en su literatura asuma un compromiso político particular. Sin embargo, el escritor como intelectual sí tiene una función en un país como éste; función que también debemos replantearnos porque hemos cedido espacio a la comentocracia. Sin volver al protagonismo tipo Octavio Paz, el escritor debe participar en el debate público. Debemos acompañar al nuevo gobierno en las acciones relevantes y poner el dedo en la llaga en aquello que nos parece incorrecto.

Una novela tan inmediata como Todos los miedos, corre el riesgo de quedarse en la coyuntura y no trascender en el tiempo.

Dentro del caso colombiano que nos antecede en muchas cosas, hay libros como La virgen de los sicarios, de Fernando Vallejo; o Melodrama, de Jorge Franco, que fueron escritos desde el presente y no han perdido vigencia. La buena literatura busca explicar de manera más compleja la realidad. En el testimonio solo tienes una visión, en cambio en la novela la emocionalidad te permite alcanzar otras dimensiones.

En términos documentales, su novela hizo recordar a Operación masacre, de Rodolfo Walsh…

Es interesante la comparación. Si bien tienen estructuras distintas, en ambas no hay una tentativa ficcional propia, sino más bien documental. Se usan personajes ficticios para hablar de cosas que cualquiera podría reconocer que sucedieron. La novela de Walsh hoy se lee como testimonio y quizá con mi libro pase lo mismo.

¿La perspectiva de vivir en Estados Unidos que herramientas aportó?

De vivir aquí habría sido diferente el resultado, quizá menos crudo. La distancia me ayudó para amansar el dolor.

Es curioso que usted y Jorge Volpi, ambos miembros del crack, este año publicaron novelas sobre el presente mexicano.

Sí, es curioso. Conocí a Jorge Volpi después de que ambos escribimos novelas sobre México y particularmente sobre dos poetas. Él sobre Jorge Cuesta; y yo sobre Villaurrutia. Así fue como nos conocimos y por él llegue a quienes después formarían el crack. Ellos mismos hicieron un proyecto narrativo que implicó romper con una novela mexicana regional, sin dejar de escribir sobre el país. En su momento mucha gente no supo verlo. El crack fue un juego literario con muchas coincidencias temáticas. Incluso la que tú mismo señalas. Siempre hay afinidades selectivas entre Volpi y yo, a veces incluso sin hablar. Quizá suceda porque somos de la misma generación y tenemos intereses afines. Yo leí el manuscrito de Una novela criminal, casi al mismo tiempo que él leyó el de Todos los miedos. De alguna manera ambos libros coinciden indirectamente en algo: la denuncia del sistema judicial mexicano.

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