‘La titular del Conacyt ha tenido expresiones lamentables’: Antonio Lazcano

por Redacción AN / HG agosto 11, 2019 12:06 am

‘El presidente maneja la idea de que los científicos y artistas tienen privilegios económicos y ese es un error’, asegura el biólogo de la UNAM y miembro de El Colegio Nacional.

Por Héctor González

No es común que la revista Science abra sus páginas para asuntos políticos. La excepción a la regla la marcó el doctor Antonio Lazcano (1950), destacado biólogo de la UNAM y miembro de El Colegio Nacional, quien a través de un artículo cuestionó el rumbo de la ciencia mexicana dentro de la lógica de la Cuarta Transformación.

En entrevista, quien fuera integrante del Instituto de Astrobiología de la NASA, critica los recortes a la cultura y a la ciencia. Invita a las autoridades y en particular a la directora del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, María Elena Álvarez-Buylla, a que demuestre las acusaciones de corrupción dentro de la comunidad científica y cuestiona los ataques al Foro Consultivo de Ciencia y Tecnología.

Usted publicó un artículo en la revista Science donde cuestiona la política de la 4T en relación a la ciencia.

Yo incluyo a la ciencia dentro de la política cultural, así que el problema abarca ambos campos. En lo que va de la administración he visto una serie de malas señales: los escándalos por los premios literarios; el concierto en honor al líder de la Luz del Mundo en el Palacio de Bellas artes; la reducción de brutal que enfrentarán los artistas y funcionarios que trabajan por honorarios. En lo relativo a la ciencia me medio gusto el nombramiento de la doctora Álvarez-Buylla al frente del Conacyt porque es mujer y es una científica en activo; en principio tenía un equipo que lucía muy atractivo.

¿En principio? ¿Lo ha desilusionado?

Ha hecho una serie de manifestaciones que me parecen lamentables. Señalar que los viajes espaciales representan gastos inútiles es increíble. Gracias a los viajes espaciales sabemos más de la Tierra. Los estudios sobre calentamiento global y la relación de la atmósfera con los océanos son, en buena medida, resultado de la investigación espacial. Su propuesta de suprimir comités y órganos de asesores es cuestionable. Su obsesión por acabar con el Foro Consultivo de Ciencia y Tecnología es injustificada porque la ley es muy clara. El FCCyT es una asociación civil que no se puede deshacer por una ocurrencia. Diversos abogados han destacado que la Junta de Gobierno del Conacyt no se ha reunido a pesar de que existe un marco legal perfectamente definido que regula sus actividades y decisiones. Todo esto en un marco de recortes económicos brutales.

Sin generalizar, se habla de investigadores del Conacyt que llevan a los viajes o estancias a sus familiares o que se dedican al “turismo académico”.

¡Qué se pruebe! Me incomoda que se presente a los investigadores y científicos como una casta que engorda a costa del recurso público. Deben demostrar si existe el turismo científico o académico. Al presentar las cosas de manera sesgada se transmite la sensación de que los académicos solapan la corrupción. Muchos estudiantes organizan rifas o fiestas para conseguir los recursos que les permiten ir a un congreso. Esa es la realidad de la mayoría de los investigadores.

Se cuestiona también que no se hace investigación cercana de la realidad mexicana.

Recientemente se difundieron imágenes dramáticas de corrientes de agua helada provenientes de Groenlandia. En el siglo XIX un par de químicos descubrieron los clatratos, unas cajitas que envuelven compuestos. Durante los sesenta un amigo cercano, Stanley Miller, se interesó por los clatratos en Marte y calculó su formación y estabilidad. En los ochenta sus estudios nos llamaron la atención y cuando los satélites llegaron al planeta rojo vieron que había hielos con algo de metano. Por el calentamiento global, el hielo de Siberia y los polos se está fundiendo y esas cajitas de hielo se están desbaratando. A veces lo hacen de manera explosiva y desprenden metano, uno de los peores gases para efecto invernadero. Digo todo esto para demostrar que un descubrimiento del siglo XIX y que parecía una curiosidad teórica, ahora nos da elementos para saber que el metano sale cuando se desbaratan los clatratos y que es uno de los responsables de las altas temperaturas. Es decir, en la ciencia es muy difícil decir si una investigación sirve o no.

¿Cómo involucrar a la ciencia y a la cultura en la dinámica de austeridad?

La austeridad está mal entendida. La gente votó mayoritariamente por López Obrador, eso está fuera de discusión, pero claramente dos de las grandes motivaciones fueron el hartazgo por la corrupción y la violencia. La austeridad no se puede confundir con actos que para mí son demagógicos como la venta del avión presidencial, la suspensión de aeropuerto o peor aún con los recortes de un doce por ciento a los gastos en ciencia y cultura. La inversión en ambas áreas no es ni para usted ni para mí, sino para los niños y jóvenes que serán adultos en los próximos años. No entiendo cómo se puede estar ciego ante esa realidad.

 Se han cancelado algunos de los autos que el Conacyt destinaba para uso del personal, ¿este ajuste es cuestionable?

Los autobuses, camionetas y coches con que cuentan los centros de investigación están debidamente regulados. Se usan para ir al campo, visitar comunidades, para estar viendo las estaciones de monitoreo de actividad sísmica. Para mí este fue un acto demagógico que no tuvo detrás una consulta debidamente seria.

¿Son perfectibles los mecanismos de apoyo del Conacyt?

Todos los apoyos económicos que entrega el Conacyt pasan por comités de pares que analizan críticamente la distribución de recursos. La doctora Álvarez-Buylla hizo una afirmación que me dejó atónito y se lo debió decir a Jesús Ramírez, el vocero de la presidencia, quien a su vez dijo que en el Conacyt había una pérdida de dinero superior a la “Estafa maestra”. No lo han demostrado. Necesitamos cuentas transparentes. No es que nos callemos ante la corrupción, simplemente pedimos que se demuestre. Ahora estoy en una de las comisiones del Sistema Nacional de Investigadores (SIN) y los reportes de los científicos se revisan con una meticulosidad extraordinaria y le puedo garantizar que ahí no hay corrupción. Sin embargo, me sorprendió cuando el doctor Mario De Leo, director del Sistema Nacional de Investigadores, propuso reducir el número de candidatos a investigadores Nivel II argumentando que le cuestan demasiado al Conacyt. Perdón, pero este no es un costo para el organismo, es una inversión del Estado para la generación de científicos jóvenes.

¿Qué consecuencias ve a corto, mediano y largo plazo, en el desarrollo de esta austeridad?

En la medida en que disminuyamos la inversión social y económica en la formación de científicos y técnicos, dependeremos cada vez más del exterior. México está entre las cinco zonas del mundo con mayor diversidad y no tenemos los suficientes científicos para estudiarla. No podemos dejar que otros lo hagan por nosotros. Me parece increíble que el Tren Maya carezca estudios e informes de impacto biológico. Ahora tenemos estudiantes de posgrado con la incertidumbre de no saber qué sucederá con sus doctorados. La sociedad mexicana ya hizo una inversión de décadas y la vamos a perder.

¿Los investigadores son una elite?

La ciencia es elitista sin duda. Hace cincuenta años había pocos científicos en el país; ahora tenemos más de treinta mil en el SNI. La elite ha crecido, pero por nuestra propia convicción. La sociedad sabe que es muy importante. El presidente y la clase política alrededor suyo manejan la idea de que los científicos y artistas tienen privilegios económicos y ese es un error. Conozco una enorme cantidad de creadores e investigadores que viven de su trabajo y no tienen un empleo seguro. Ahí los científicos tenemos la ventaja de estar al amparo de una institución. La ambigüedad en el uso de la palabra elite es desafortunada. Ahí hay un juego clasista y manipulador para justificar un proyecto político cuyos méritos deberían sostenerse en resultados concretos.

En su artículo escribe se está creando un clima anti intelectual.

Sí y es resultado del desdén a la cultura y al desarrollo de la ciencia. El año pasado la Facultad de Ciencias de la UNAM organizó junto con el Museo de Historia Nacional, una Feria de Ciencia. Acudió mucha gente, entre ellos niños. Pues por falta de recursos este año no pudimos hacerla. Todavía no entiendo a qué se refiere la directora del Conacyt cuando dice que busca una apropiación social de la ciencia. Seguimos padeciendo los recortes del pasado y no veo que esto cambie. En el país hay sitios donde el promedio de edad de los investigadores es de 65 años, mientras que en algunos institutos franceses es de 40 años y en Alemania de 35. La mayoría de los recursos se concentran en la Ciudad de México y esto es antidemocrático. Llevó más de treinta años alertando y quejándome del asunto. Hubo quienes votaron por López Obrador pensando que las cosas iban a cambiar y no veo ningún cambio, al contrario.

En comparación con otros momentos, ¿en qué punto estamos?

Hoy estamos en un momento crítico porque se puede perder la esperanza. Mucho de lo logrado en los últimos cincuenta años se puede perder. Con todos los vaivenes sexenales somos la segunda potencia científica en términos de publicaciones a nivel latinoamericano. Tenemos las redes de monitoreo oceanográfico, volcánico, sismológico. Somos líderes en matemáticas. La biología evolutiva que se hace en México es la envidia de Estados Unidos. En arqueología somos deslumbrantes. Todo eso se puede perder por los recortes a rajatabla. La doctora Álvarez-Buylla tendría que haber sido la primera en advertir este riesgo y eso me parece decepcionante. Necesitamos que se reconozca el derecho a la participación que tenemos los académicos y científicos para decidir hacia dónde se impulsa la investigación. Si hay actos de corrupción se deben comprobar y perseguir, no basta con decirlo en conferencias de prensa.

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