‘A veces la incorrección política es necesaria’: Leila Guerriero

por Redacción AN / HG mayo 12, 2019 11:49 am

La periodista argentina propone buscar nuevos enfoques a la hora de abordar temas como el narcotráfico y la migración.

Por Héctor González

Entre las cosas que el periodismo le ha enseñado a Leila Guerriero (Junín, Argentina, 1967), es que en la vida hay matices. Cada que aborda un reportaje o una crónica busca los pliegues intermedios entre lo “bueno” y lo “malo” de una persona. Tras escribir de títulos como Plano Americano, Los suicidas del fin del mundo y Una historia sencilla, ha aprendido también, la importancia del equilibrio a la hora de construir un relato y de tomar distancia de la inmediatez que exigen las redes sociales y la corrección política.

Últimamente he leído algunos artículos tuyos donde tangencialmente cuestionas la presencia de lo políticamente correcto dentro del periodismo.

Escribí en El País, una columna donde decía que lo que va a terminar matándonos no es la falta de lectores, sino la corrección política. El otro día pensaba en Fogwill, un escritor argentino rabioso y medio contreras. Siempre andaba a contracorriente como ejercicio. Hoy todo mundo pisamos con mucha cautela sobre determinados temas y a veces es necesario contar con estas intervenciones de incorrección política. Supongo que esto tiene que ver con las redes sociales, yo no las tengo, pero me parecen una especie de cloaca. Se han aniquilado carreras por situaciones adversas al pensamiento de la mayoría. Me parece necesario empezar a romper ese cerco.

¿Y cómo hacerlo desde el periodismo, partiendo de situaciones de violencia tan extremas como el narcotráfico?

Hay una sobre abundancia de estos temas, aunque lo cierto es que no podemos dejar de abordarlos. En dado caso, la forma en que se trabajan estas historias termina creando una especie de telón de fondo permanente que la gente prácticamente ya no ve. La responsabilidad de los periodistas es darle otro abordaje o construir otra mirada. No me preguntes cuál porque no son temas que me resulten tan familiares.

La migración es otro de los grandes temas del periodismo…

Al migrante se le sigue mirando sólo como un sujeto que migra, casi como una caricatura. Siempre es una persona que obvio, sufre, la pasa mal y está llena de pérdidas o tragedias, pero sólo sabemos de ese sujeto en tiempo presente. No lo vemos encajado en una historia. Para entender verdaderamente el fenómeno necesitamos comprender de dónde viene. Necesitamos, por lo menos, rebasar el lugar común. No se trata de hablar mal de las víctimas del narcotráfico o del migrante, pero no podemos revictimizarlos y tratarlos como personas intercambiables.

Este telón de fondo puede generar un efecto contrario al que se busca.

Claro, la primera nota sobre migrantes la lees con asombro, pero a la número veinticinco ya le pides algo más. Sin duda es el tema del momento: tenemos a Trump, países cerrando fronteras, etc. No es suficiente con que la crónica o el reportaje sea publicado, también necesita ser leído y producir un efecto.  Algo similar sucede con el tema de las víctimas. Las realidades no son blancas y negras, las tienes que abordar con todas sus aristas. Sólo miramos sus partes positivas a pesar de que todos somos un cúmulo de cosas buenas y malas. Me parece que los periodistas somos bastante temerosos a la hora contar sus lados reprobables. Jon Lee Anderson dice algo interesante: “ser víctima no es ninguna virtud”. No se trata de criticarlas, pero una buena historia debe contemplar todas las facetas.

Quizá se deba al intento del periodista por amoldar la realidad a su forma de pensar.

Puede ser. En Estados Unidos los diarios que uno suele leer daban por sentado que Trump no iba a ganar. No se preocuparon por ir a ver la realidad y despreciaron a la gente dispuesta votar por él. Y mira lo que sucedió. Aquí tenemos un movimiento que cada vez se repite más: el periodista intentando encajar la realidad dentro del lugar que mejor le encuadra. Justo deberíamos hacer lo contrario: primero hay que ir a ver qué pasa y después contarlo.

¿Qué piensas de la forma en que se abordan los movimientos de perspectiva de género desde el periodismo?

Claramente hay un movimiento que se ha puesto en marcha y por suerte ya no hay vuelta atrás. Vivimos un momento de mucha revolución y en estas dinámicas ciertas exageraciones son necesarias, y cuando hablo de exageraciones me refiero al enorme caudal de reivindicaciones taxativas y rabiosas. Una vez pasada la efervescencia todo vuelve a su cauce. Lo que me preocupa es la falta de matices. El feminismo es un movimiento muy grande y no todas estamos de acuerdo con todo. Precisamente son las voces discordantes las que enriquecen la conversación. En lo personal me preocupa este discurso de que a una mujer se le debe creer por el hecho de ser mujer. Desde luego si alguien dice: ‘me pasó tal cosa’, en principio hay que creerle sea mujer u hombre. A partir de ahí es necesario realizar una investigación. Por supuesto entiendo la dificultad, a veces son casos de sucedieron hace veinte años. Las víctimas no hablan cuando quieren sino cuando pueden. Aun así, ese discurso en lugar de empoderarnos nos revictimiza. Nos coloca en el lugar de personas a las que hay que preservar.

¿Cómo están conviviendo el periodismo con las redes sociales?

Hace unas semanas comenté en mi columna un caso ocurrido en Argentina. Un tipo muy humilde que contó en todas partes que devolvió un maletín con quinientos mil dólares a un empresario. El hombre le ofreció dinero a manera de recompensa, pero que él lo único que le pidió fue un trabajo porque necesitaba mantener a su familia. El episodio se dio a conocer en la radio local de un pueblo pequeño y la noticia de viralizó de tal manera que llegó hasta El comercio, de Perú. Una cosa demencial. El tipo fue héroe por un día. Los grandes medios enviaron corresponsales para entrevistarlo. Todo mundo estaba súper conmovido y resulta que dos días después un fiscal se puso a investigar a sabiendas de que alguien que lleva un maletín con quinientos mil dólares puede ser un criminal. Revisó las cámaras de la zona y no vio nada. Ni al tipo y menos el maletín. Concluyó que como autoridad podía dar fe de que el relato era una mentira y el hombre humilde tuvo que salir a reconocerlo. Acto seguido, los medios se le echaron encima increpándolo por su atrevimiento. En el centro de todo esto se perdió de vista que el hombre necesita un trabajo. No entiendo porqué inventó la historia, pero probablemente después de esto no volverá a conseguir un empleo. Nadie habló tampoco de la importancia del chequeo de información. A ningún periodista se le ocurrió corroborarla y buscar al supuesto empresario. Se basaron en una información dada por una sola persona sin testigos ni ningún tipo de verificación. Me parece que esto tiene relación con la rapidez e inmediatez de las redes sociales. Por supuesto tienen cosas buenas y aunque no creo en el periodismo ciudadano, sí ha pasado que alguien denuncia algo de gran relevancia con su celular.

¿Por qué no crees en el periodismo ciudadano?

El periodismo es algo que tenemos que hacer gente con oficio. Si no eres periodista no estás obligado a saber que hay una cantidad de operaciones por hacer cuando manejas información, entre ellas corroborar los datos. Hay portales enteros de fake news y la gente los toma en serio. Para ser periodista hay que aprender reglas mínimas de cómo equilibrar un relato. Un ciudadano puede enviar información para que un profesional la procese. No es bueno sostener la idea de que cualquiera puede ser periodista.

libros

Contenido relacionado

Te recomendamos

Lo más leído

Escribe un comentario

Nota: Los comentarios aquí publicados fueron enviados por usuarios de Aristeguinoticias.com. Invitamos a los usuarios a aprovechar este espacio de opinión con responsabilidad, sin ofensas, vulgaridad o difamación.


Si encuentras algún contenido o comentario que no cumpla con los requisitos mencionados, escríbenos a comentarios@aristeguinoticias.com

Viral