Francisco Pineda investiga la campaña que sofocó a Emiliano Zapata

por Redacción AN / HG mayo 13, 2019 9:49 am

En su libro 'La guerra zapatista 1916 – 1919' detalla los intereses y las visiones racistas que combatieron a los integrantes y las ideas del Ejército Libertador del Sur.

A Emiliano Zapata y al zapatismo se le ha estudiado y rendido homenaje desde dos visiones: una mayoritaria que, si bien no los niega, simplifica al ‘Caudillo del Sur’ y al movimiento que encabezó hasta reducirlos a escasos monumentos adornados con frases como ‘Plan de Ayala’ o ‘Tierra y libertad’, y otra minoritaria que aborda en toda su complejidad los esfuerzos de un conglomerado de hombres y mujeres que, a la par que se defendió con las armas de las fuerzas militares que sobre ellos recayeron, edificó un nuevo orden social al interior del amplio territorio que controló por casi una década.

En la segunda de aquellas visiones se inscribe el libro La guerra zapatista 1916 – 1919 que, coeditado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y Ediciones Era, fue presentado en la sede de la citada casa literaria por su autor, el antropólogo Francisco Pineda Gómez, y por Salvador Rueda Smithers, director del Museo Nacional de Historia, Castillo de Chapultepec.

En dicho acto se destacó a la publicación como el cierre, producto de más de 30 años de investigación, de una tetralogía del autor —que se completa con La irrupción zapatista 1911La revolución del sur 1912-1914 y Ejército libertador 1915— acerca de la huella centenaria que tienen los ideales de Zapata y sus hombres.

“Más allá de ello, el libro de Francisco Pineda es un alegato en favor del derecho a decir ‘no’, para usar la vieja idea de Albert Camus sobre el origen del hombre rebelde. Un derecho que iguala a individuos, pueblos y sociedades, en todo tiempo y lugar, ante la injusticia como fuente de la infelicidad”, declaró Salvador Rueda.

En México, apuntó el historiador, aquel derecho a la rebelión ha tenido múltiples rostros, “pero quizá ninguno tan impactante y complejo como el exigido por Emiliano Zapata y los zapatistas a partir del Plan de Ayala”.

La guerra zapatista, señalaron Rueda y Pineda Gómez, se ubica en un periodo de tres años que, iniciado con el reconocimiento de Estados Unidos a Venustiano Carranza como presidente de facto, a la vez que concluido con el asesinato del Caudillo del Sur en Chinameca, marcó el inicio de una guerra de exterminio contra la revolución campesina de México.

Al mismo tiempo, dijo Salvador Rueda, un mérito de la publicación es que examina al zapatismo desde una perspectiva no sólo nacional sino global, pues detalla el decisivo rol que el avance armamentístico producto de la Primera Guerra Mundial, así como los intereses petroleros y económicos de Estados Unidos, tuvieron en la lucha contra Zapata.

El autor del libro agregó que en acervos como el Archivo del Departamento de Estado de Estados Unidos puede constatarse que dicha campaña fue posible gracias a la presencia de militares norteamericanos en Chihuahua, que facilitaron al ejército constitucionalista desplazarse al sur para eliminar a los zapatistas y cometer genocidio contra un sinfín de individuos y poblaciones pacíficas, bajo el influjo de postulados enteramente racistas.

Como ejemplo de ello citó al general Pablo González, orquestador del asesinato de Zapata, quien en proclama dirigida a los morelenses el 16 de abril de 1919, exclamó:

“Emiliano Zapata tenía que caer por el ineludible imperio de la ley biológica que condena a los seres inferiores y deformes, y que hará siempre triunfar a la civilización sobre la barbarie, a la cultura sobre el salvajismo, a la humanidad sobre la bestialidad”.

Para ese jefe carrancista, aunó Pineda, Zapata encarnó a la barbarie, pues en ese mismo mensaje señaló que el caudillo había tenido una vida miserable y vulgar, y que “por su cretinismo congénito, por su absoluta inferioridad mental, fue simplemente un bandolero, un azote maldito de su propia tierra natal”.

El también profesor de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), señaló que pese al encono con que fue sofocado el zapatismo y las atrocidades que a nombre de la ‘pacificación’ se cometieron, tales acciones son poco conocidas hoy día.

Por eso, finalizó, es necesario volver a las fuentes primarias de investigación y a las voces de los propios zapatistas. Al respecto recordó que su primer acercamiento con el zapatismo fue el proyecto de historia oral que en los años 70 emprendió el INAH, bajo la coordinación de la maestra Alicia Olivera, para entrevistar y conservar la voz, los testimonios e incluso la música de los veteranos de aquel movimiento.

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