‘¿Por qué seguimos pensando que los animales son inferiores?’: Isabel Zapata

por Redacción AN / HG agosto 13, 2019 9:08 am

La poeta y ensayista publica ‘Una ballena es un país’.

Por Héctor González

¿Se puede defender el animalismo sin caer en el sermón? No es fácil y, sino que le pregunten a J. M. Coetzee, quien con todo y el Nobel de Literatura no se salvó de las críticas cuando publicó La vida de los animales.

Isabel Zapata (Ciudad de México, 1989) busca no cruzar la frontera y en lugar de alarmar prefiere generar empatía con el lector. Su poemario Una ballena es un país (Almadía), es por tanto un ejercicio que invita a la reflexión por medio de la anécdota y cuestionamiento sutil.

¿Por qué hablar de los animales desde la poesía?

El libro parte de un interés personal vinculado a una cuestión infantil relacionada con saber datos curiosos de los animales. Sin embargo, también hay un rasgo activista e ideológico. Sin ser moralista ni aleccionadora me interesaba alertar sobre la forma en que conducimos nuestra relación con los animales.

Cuando escribes acerca del tigre de Tasmania planteas una crítica directa al antropocentrismo.

En 1936 fue asesinado el último tigre de Tasmania. Se extinguió porque los granjeros pensaban que se metía a los corrales y atacaba a las ovejas. En ese poema hablo del síndrome del miembro fantasma: en Tasmania todavía hay quien asegura que lo ha visto y presenta fotos borrosas e imperceptibles. Es una especia que ya forma parte de una tradición medio fantástica.

Y qué forma parte de una mitología en la que se incluye el monstruo del Lago Ness o el Yeti.

Justo equiparo al tigre de Tasmania con eso. Al final muchas animales terminarán siendo eso para nosotros. Recién leí que en el transcurso de la vida de un recién nacido actual desaparecerán cuatrocientas especies.

Recuperas también la historia de Coco, el gorila que investigadores quisieron “hominizar”.

La defensa animalista ha pasado por varios argumentos filosóficos y uno de ellos nos recuerda que el lenguaje no es un atributo exclusivo del hombre. Todos los animales se comunican, entre ellos y con otros. Que no lo hagan como nosotros no los descalifica. En el poema que dedico a Coco hago una breve mención del gorila Michael, quien también aprendió algo del lenguaje de signos y señas. Cuando le preguntaron la historia de su madre, a partir de las señas contó cómo la asesinaron los cazadores. Es impresionante porque esto demostró que tenía memoria y capacidad para el duelo.

En un poema apuntas: “incluso los animales con grilletes son más libres que nosotros”. ¿A qué te refieres exactamente?

En ese poema hablo de la llegada del rinoceronte a Europa. Viajó como regalo a un rey y al final murió en un trayecto en barco. Durero lo dibujó a partir de relatos porque nunca lo vio, de modo que por años la imagen que los europeos tuvieron del rinoceronte fue esa. El verso que citas se refiere a cómo la ficción puede ser un grillete que impone ideas sobre el mundo, pensemos en las creencias o miedos. ¿A dónde nos ha llevado la idea de que los animales son inferiores a nosotros? Creo que habría que preguntárnoslo.

¿Qué dice de nosotros como sociedad la relación que tenemos con los animales?

Esa es la pregunta y no tengo respuesta. El libro es una invitación a pensarlo juntos y desde un ángulo literario. No estoy seguro que el activismo animalista duro genere una empatía. Creo que este tipo de preguntas ya son ineludibles y en particular lo son para mi generación. Ya no nos queda mucho tiempo y no podemos ignorar los temas de medio ambiente.

¿Por qué hacerlo desde la poesía cuando se dice que es un género minoritario?

Cada quien usa las herramientas que tiene a la mano para manifestar sus preocupaciones. Si fuera cineasta, pintora o narradora, igual lo abordaría desde otro ángulo. En lo personal la poesía es lo que más me conmueve. Aún así creo que el libro desarrolla una poesía muy libre. Es un poemario que no está preocupado por la grandilocuencia.

¿De dónde viene tu preocupación por el animalismo?

Siempre me han gustado los animales. Durante la infancia me daban curiosidad, pero en la maestría tuve una clase de filosofía que me llevó a involucrarme en el activismo. A partir de ahí tomé decisiones que me hacían sentir más cómoda y dejé de comer carne. Durante algunos años fui una activista frontal, después me alejé un poco.

¿Regresaste a la carne?

No, pero me alejé del activismo más radical. Ahora creo que puedo contribuir mejor a la causa desde la escritura.

¿Cómo practicar el animalismo sin caer en el sermón? Coetzee ha intentado hacerlo y se lo han tundido.

Coetzee es uno de los más activos defensores de los animales desde la literatura. A mí me encantan Elizabeth Costello y La vida de los animales, este último se integra por una serie de conferencias impartidas por un personaje falso. A mucha gente le molestó su comparación de los campos de concentración con los mataderos de animales. Peter Singer lo mencionó antes en Liberación animalista, una especie de biblia animalista. Ahí dice que el principal aliado del maltrato a los animales es la ignorancia. Yo entiendo que es muy difícil ser totalmente coherente, pero el punto es cuestionarnos y saber lo que hay detrás de comprar un cachorro en Mercado Libre y conocer el maltrato que envuelve el mercado de carne tal y como está ahorita. Lo importante es conocer y es a lo que llama Coetzee, pero es cierto que es muy fácil caer en el regaño, por eso el tono es fundamental.

¿Eres totalmente vegana?

No, como crema, queso y algunos pescados pequeños. Al final no se trata de ser arrogante. Uso zapatos de piel, insisto es muy difícil ser totalmente coherente. Simplemente se trata de tomar las decisiones a partir del conocimiento y no de la ignorancia. A mi no me interesa aleccionar a nadie. Una cosa es aceptar las contradicciones y otra negarnos a conocer lo que sucede.

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