El escritor Ignacio Solares cumple 75 años

por Redacción AN / HG enero 15, 2020 6:18 am

Entre sus obras destacan ‘El sitio’, ‘Delirium tremens’, ‘Columbus’ y ‘La invasión’.

El 15 de enero Ignacio Solares cumple 75 años. Autor y periodista polifacético, ha navegado por la novela, el cuento, el ensayo, la dramaturgia y el periodismo.

Alumno de Arreola y Vicente Leñero, amigo de Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez, el narrador de Ciudad Juárez ha encontrado en la religión, la filosofía, la psicología y la historia, las principales fuentes de una bibliografía que incluye los títulos El sitio, Columbus, La invasión o Delirium tremens.

“Desde los siete y ocho años, me volví un lector ávido. Comencé con Julio Verne y Emilio Salgari. Mi padre me regalaba los libros. Poco a poco me di cuenta que lo más importante para mí era leer. Mi madre solía decir que a veces me tenían que agarrar del cuello para llevarme a comer porque no soltaba Los Tres Mosqueteros”, ha comentado Solares.

Al margen de su trabajo como escritor, ha sido director Teatro y Danza, de Literatura y Coordinador de Difusión Cultural, de la UNAM.

Ganador de los premios, Nacional de Literatura, José Fuentes Mares, Xavier Villaurrutia, Mazatlán de Literatura, Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benitez, Nacional de Ciencias y Artes, entre otros, encontró en los jesuitas a sus primeros maestros. “Nos pusieron a leer El Quijote, nos lo explicaron capítulo por capítulo. Estudiar con ellos fue una suerte enorme porque cultivaros entre otras cosas, mi afición por la literatura, el futbol; y me dejaron una huella religiosa indeleble y que nunca me he podido quitar”.

A los doce años comenzó a escribir. Ya asentado en la ciudad de México, entró a la Facultad de Filosofía y Letras donde contó con maestros de primera línea como Luis Rius, Rosario Castellanos, Adolfo Sánchez Vázquez, Eli de Gortari, Luis Villoro y Ramón Xirau. Sin embargo, la confirmación por su afición a la escritura llegó con un taller de Juan José Arreola. “Por supuesto tuve momentos de duda, de hecho, creo que la literatura está hecha de dudas más que de certezas”.

El primer cuento de Ignacio Solares apareció en El Heraldo Cultural que dirigía Luis Spota. A partir de ahí se abrió la puerta del periodismo vía Raúl Velasco en la sección de espectáculos del mismo diario. Entrevistó a gente como Roman Polanski, Elizabeth Taylor o Richard Burton. Poco después, Vicente Leñero lo invitó a la revista Claudia. Compartió mesa de redacción con José Agustín, Juan Tovar y Gustavo Sainz.

Por la ruta del periodismo llegó al Excélsior de Julio Scherer a principios de la década de los setenta. Octavio Paz lo nombró jefe de redacción en Plural. A los treinta años publicó Anónimo, su primera novela, “una novela muy influenciada por la psicología. Me jacto de haber leído buena parte de la obra de Jung, Freud y Adler. Más o menos conozco los mecanismos de la psicología. Digamos que mis influencias son: la literatura, donde está lo religioso; la filosofía, donde también está la religión porque Ramón Xirau era creyente; y la psicología. Siempre me he visto más como cristiano que como católico. Creo que el gran reto de los católicos es convertirse al cristianismo”.

Años después tendió un puente entre el periodismo y la literatura con Delirium tremens, una de sus obras más celebradas. “Durante un año hice un reportaje en el Sanatorio Lavista, bajo la dirección del doctor José Antonio Elizondo. Trabajé con los casos de alcohólicos que padecían delirium tremens. Las alucinaciones me permitían darle una interpretación psicológica. Así surgió ese libro que para mi fue maravilloso. Incluso gente en las farmacias me detenía la gente para agradecerme porque le había ayudado a algún familiar”, recuerda.

Dentro de su veta de novelista histórico, destaca Madero y yo, el cual se concretó gracias al historiador Manuel Arellano, a quien doña Sarita Pérez de Madero le cedió los cuadernos originales donde su esposo, Francisco I. Madero. “Esto me permitió entrar a la historia por la puerta trasera. Siempre me ha interesado lo misterioso y oculto. Creo que lo único insoportable es la realidad real, estoy a favor de todas las fugas posibles. Lo que pasa es que hay fugas descendentes como las drogas, el alcohol o la violencia; y fugas ascendentes, como la literatura o el arte”.

Su condición fronteriza lo llevó investigar la relación de Francisco Villa con Estados Unidos, de ahí se desprenden La invasión y Columbus. “En ambos títulos quise condensar nuestra relación con Estados Unidos. Creo que la frontera es una cicatriz siempre abierta”.

Para Ignacio Solares la literatura requiere vocación, pero también curiosidad. “Me interesan mucho las situaciones insólitas o anormales. Ahí he encontrado un mundo muy rico. Nunca he escrito por encargo. Necesito la inquietud permanente. Creo que reflexionar sobre si hay algo más, es fundamental”.

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