“Tienda 14”, la joya de la corona del Superissste: sucursal virtual, robo real

por Redacción AN abril 17, 2018 3:30 pm

La tercera parte de la serie "Superissste ¿Qué demonios pasó aquí?" presenta uno de los casos más emblemáticos del mecanismo para simular compras oficiales: una sucursal sin instalaciones ni empleados que sirvió para simular operaciones millonarias.

Por: Ana Lilia Pérez

Durante diez años Superissste operó la “Tienda 14”, una sucursal que no existía físicamente pero que servía para triangular millones de pesos en operaciones que no pueden rastrearse.

La Tienda 14 del Superissste es uno de los precedentes de las simulaciones en compras gubernamentales mediante supuestos convenios para evadir licitaciones públicas, que luego se hizo extensivo a otras dependencias.

La tienda comenzó a operar de manera virtual desde 2006, pero nunca existió en los reglamentos o manuales de organización ni contó con empleados o espacios físicos.

La operación dependía directamente de la Subdirección de Abasto del organismo y, a diferencia de las sucursales tradicionales, nunca fue manejada por un gerente o personal administrativo.

Sin embargo, durante los sexenios de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto se convirtió en la tienda Superissste especializada en triangular dinero gubernamental destinado a supuestas compras de insumos.

Los auditores no encontraron sustento documental para las “ventas y adquisiciones” que oficialmente se realizaron desde esta sucursal.

Una serie de reportajes de Aristegui Noticias documenta que a principios del sexenio de Enrique Peña Nieto se emprendió una estrategia para sanear las finanzas del Superissste y así poder recuperar su misión constitucional: operar “tiendas económicas para beneficio de sus trabajadores y sus familiares”.

Pero el resultado es totalmente lo contrario: una institución que gasta 2 millones de pesos al día solo para abrir las 70 tiendas que aún existen; una denuncia por peculado contra su director por 650 millones de pesos y miles de millones de recursos públicos gastados en compras públicas que no se pueden documentar a plenitud. 

 

Robo sistemático

La joya de la corona del esquema es la Tienda 14, que funcionaba bajo este modus operandi: Una dependencia de gobierno o el propio ISSSTE solicita a la tienda virtual que compre algo, puede ser cualquier cosa, desde tijeras o papel higiénico hasta material quirúrgico especializado. En todos los casos el Superissste afirma que tiene capacidad de entregar el bien, pero en realidad lo subcontrata con empresas privadas.

En el mejor de los casos la compra se realiza evadiendo la licitación pública, pero las auditorías muestran que en realidad no existe evidencia para probar que las compras en efecto sí se realizaron.

La ASF encontró que las dependencias federales que optaron por este esquema sufrieron quebrantos económicos por los incumplimientos parciales o totales de los insumos que supuestamente adquirieron. Y más absurdo: como no había personal alguno en la tienda responsable, dado que no existía físicamente, los compradores inconformes no tenían a quién reclamarle.

En 2014, la tienda virtual vendió cero pesos a derechohabientes o público en general, que constitucionalmente es su mercado asignado. Sin embargo, “las ventas institucionales a dependencias del gobierno federal” fueron por 625 millones 353 mil 800 pesos, según el reporte oficial.

En cada operación el Superissste recibió una comisión que no estaba estipulada oficialmente, sino que era determinada por el director en turno.

Estos ingresos no se ven reflejados en ganancias para el organismo, aunque las ventas al gobierno crecían cada año.

Desde que auditó la Cuenta Pública 2014, la Auditoría Superior de la Federación determinó que esa tienda era ilegal, ya que:  “se constató que carece de un marco legal específico, ya que ni en el Reglamento Orgánico del Superissste, ni el Manual de Bases y Reglas de Operación de la Comisión de Abasto (del SITyF), se establecen funciones y atribuciones en el ámbito de ventas institucionales”.

En la revisión los auditores federales determinaron que en las ventas de la tienda 14 del Superissste a otras dependencias públicas no había solicitudes de mercancías de los clientes o cotizaciones, tampoco papeles que comprueben la entrega de los bienes o pagos entre intermediarios.

Los auditores también concluyeron que la peculiar Tienda 14, no tenía procedimientos para regular la “operación de venta, entrega, facturación, precios, cobros y pagos (…) que garanticen la entrega de productos y las mejores condiciones de compra y venta, que se realice conforme a las especificaciones, así como que se exima de obligaciones al Superissste en caso de reclamos, devoluciones o exigencias de garantía, y de que sus funciones se realicen de manera articulada, congruente y eficaz.”

La ASF emitió una observación al Superissste para que implementara los controles que permitan dar transparencia a los contratos o convenios de colaboración con otros organismos de gobierno, “ya que estos esquemas permiten simular las adquisiciones de bienes”.

Malas cuentas

Los auditores encontraron que la tienda virtual tenía 317 millones 989 mil 400 pesos sin cobrar, y fuera del periodo contractual por tiempos que iban de los 21 días y hasta los 415 días naturales. Había supuestas ventas que se hicieron en 2008 y que para el 2016, cuando el organismo fue auditado, aún no se cobraban.

La discrecionalidad en todo el proceso de compra afectó las finanzas de las entidades gubernamentales que fungieron como clientes.

Por ejemplo, en 2014 el Instituto Politécnico Nacional (IPN) pagó 198 millones 732 mil pesos por cuatro pedidos de uniformes, papelería y otros suministros. Pero hubo incumplimientos diversos: mercancía no entregada, falta de accesorios y cambios de equipo necesarios para su instalación, entre otras, que no cumplieron con las especificaciones requeridas en los anexos técnicos de los pedidos. 

La afectación financiera para el IPN se calculó en 41 millones 184 mil 392 pesos por insumos no entregados.

El cúmulo de irregularidades llevó a la ASF a recomendar el cierre total de la tienda virtual, porque la opacidad del proceso era tal que no se podía seguir la pista del dinero y la responsabilidad de los funcionarios, lo que propiciaba un esquema ideal para “simular las adquisiciones de bienes”.

La ASF dice que el Superissste tampoco presentaba de forma real y oportuna los registros contables de los ingresos de la Tienda 14. 

El dictamen dice: “Que el Superissste implemente acciones con el fin de que su tienda virtual 14 deje de operar como mecanismo de contratación de adquisiciones que le requieren las dependencias y entidades toda vez que carece de capacidad técnica, material y humana para proveer los bienes, además de que las contrataciones que realiza no cumplen con lo estipulado en la Ley de Adquisiciones, Arrendamientos y Servicios del Sector Público ya que ha subcontratado a proveedores por un porcentaje mayor de lo que señala dicha ley, por lo que no se asegura al Estado las mejores condiciones disponibles en cuanto a precio, calidad, financiamiento, oportunidad y demás circunstancia pertinentes, lo que da lugar a la opacidad en el ejercicio de los recursos de las dependencias con las que celebra los contratos”.

Sin remedio

En la revisión a la Cuenta Pública 2015, la ASF nuevamente documentó compras ficticias y subrayó la falta de un marco regulatorio.

Durante los siguientes meses, los administradores del Superissste encontraron una manera de burlar las conclusiones de la Auditoría.

Para 2017 la sucursal virtual dejó de operar como tal, pero a cambio el esquema se extendió a las tiendas físicas (las que sí tienen empleados y bienes en existencia), mediante el nombre oficial de “Ventas institucionales” o “Ventas por Catálogo”.

Este tipo de contrataciones no se registran en Compranet y las maneja el Superissste de manera interna y estableciendo incluso cláusulas de confidencialidad, pese a que involucra millones de recursos públicos que por ley deben ser transparentados.

En entrevista, el director del organismo, Luis Alonso Reza Oliva, dijo que en 2017 realizaron operaciones por más de mil millones de pesos mediante este mecanismo.

Ahora el esquema se reforzó con la cláusula de confidencialidad que indica que “el Instituto se obliga a no divulgar  por escrito, verbalmente o cualquier otro medio información que obtenga para el cumplimiento del presente contrato y a mantener en la más estricta confidencialidad, los resultados parciales y finales del mismo, absteniéndose de dar a conocer cualquier información al respecto a terceros de forma directa o a través de interpósita persona”.

Ahora, las compras por catálogo son secreto de Estado.


Directores del ISSSTE en los periodos que operó la Tienda 14

Miguel Ángel Yunes Linares (2006-2010)
Jesús Villalobos López (2010-2011)
Sergio Hidalgo Monroy (2011-2012)
Sebastian Lerdo de Tejada (2012-2015)
Luis Antonio Godina Herrera (2015)
José Reyes Baeza (2015-2018)

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