Bots en redes, ¿quién pompó?

por Héctor Tajonar mayo 18, 2020 12:48 pm

"El nivel de estulticia y bajeza del escándalo Notimex no es sólo grotesco sino, atenta contra la ley, la libertad de expresión, la democracia y los derechos humanos", escribe Héctor Tajonar.

Por Héctor Tajonar

Tras un largo romance con las redes sociales, la inefable “Cuarta Transformación” se convirtió de pronto en uno de sus más severos críticos. Sin darse cuenta, el gobierno de Andrés López Obrador se puso la soga al cuello. Fiel a la costumbre de acusar a sus adversarios de lo que él mismo practica, el 6 mayo pasado el presidente reprobó la invasión de noticias falsas con motivo del Covid 19 y la calificó de “infodemia”. Denunció que se trataba de una campaña orquestada contra su gobierno, la cual había producido ganancias multimillonarias en dólares para Facebook, Google, Amazon, Microsoft y Twitter, y se preguntó: ¿Quién pompó? 

Ofreció que iba a pedirle a dichas empresas transparentar la lista de sus clientes a fin de identificar a los responsables del tráfico de esos bots en las redes. No sabemos si lo hizo ni qué le respondieron. Jenaro Villamil, presidente del Sistema Público de Radiodifusión del Estado Mexicano, fue más lejos, propuso “cortar la cadena de transmisión de mensajes, noticias falsas, audios, videos”, para evitar que esos contenidos perniciosos se siguieran propagando. Independientemente de la viabilidad técnica y la procedencia jurídica para producir ese corte, es conveniente analizar si la medida podría vulnerar la libertad de expresión. Sin duda la emisión de mensajes contrarios a los lineamientos del gobierno para enfrentar la pandemia tiene efectos nocivos debido al riesgo de fallecimientos que pudieran producirse por ese motivo. Se debe investigar el origen de esos twitts y tratar de neutralizarlos con información sólida y veraz. Sin embargo, no sería conveniente tomar una decisión radical que pudiera vulnerar la libertad de expresión y contaminar aún más la atmósfera política del país.

Urge dar respuesta puntual a la pregunta del presidente: ¿Quién pompó? También a otras que se derivan de ella: ¿Quién es el precursor del uso faccioso de las redes sociales? ¿Cómo opera esa maquinaria secreta? ¿Quién la ha utilizado para atacar a sus críticos y para crear polarización y odio? ¿Se han usado recursos públicos para ello? De ser así, ¿a cuánto ascienden? ¿Se trata del perfeccionamiento de una estrategia utilizada para obtener el poder con el fin de preservarse en él? 

El escándalo de Notimex es parte de la respuesta. Empecemos por recordar que el gobierno de López Obrador aun no ha aclarado los resultados de una investigación realizada hace un año por Signa_Lab, del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), titulada “Democracia, Libertad de Expresión y Esfera Digital. Análisis de Tendencias y Topologías en Twitter. El caso de la #Red AMLOVE”. Dicho estudio científico demostró la existencia de una campaña en redes sociales para arremeter contra los críticos de López Obrador. A partir de los algoritmos en Twitter, Signa_Lab identificó una red perfectamente orquestada reunida bajo las etiquetas #RedAMLO, #Chayoteros y #PrensaFifí. Ante la contundencia de sus resultados, el laboratorio comentó: “Sería deseable que para ahuyentar las ambigüedades en el uso de redes de ataque pro-AMLO haya un pronunciamiento oficial desde la Presidencia o desde la oficina de Comunicación Social de la misma, que aclare cuál es la postura del gobierno frente a estas estrategias no orgánicas online” (Aristegui Noticias, 12 de marzo de 2019). Ha pasado un año y no ha habido explicación al respecto.

Rossana Reguillo, coordinadora de Signa_Lab, comentó que #Red AMLOVE es “una estrategia muy sofisticada para crear un clima de polarización y de odio”. Por su parte, Carlos Paéz, CEO de Mesura y uno de los más reconocidos especialistas en la materia, señaló: “Lo más grave en este caso es que el presidente haya dicho que no es cierto que su equipo use ese tipo de herramientas. Es como negar la existencia de un tumor frente a una resonancia magnética.” (Ibid. 14/03/2019)

El pasado 12 de mayo, días después de la arremetida presidencial contra las redes sociales, se dio a conocer otra investigación realizada por Signa_Lab, en colaboración con Article 19 y Aristegui Noticias, que confirma el uso de recursos públicos para manipular el espectro digital con fines aviesos. Notimex está realizando acciones coordinadas a través de las redes sociales para acosar y agredir a periodistas y ex trabajadores de dicha agencia que considera “adversarios”. El estudio revela la existencia de un chat denominado “The Avengers N” en el cual directivos de la agencia de noticias del Estado, coordinados por su directora San Juana Martínez, ordenan a empleados de la agencia a publicar mensajes en Twitter y utilizar Hashtags contra periodistas como Dolia Estévez, Lydia Cacho, Anabel Hernández, Blanche Pietrich, Carmen Aristegui, Marela Turati y Guadalupe Lizárraga; así como contra ex colaboradores de Notimex. Aristegui Noticias ha realizado una cobertura de impecable rigor periodístico sobre el tema. El asunto es de extrema gravedad.

La comunicación es la columna vertebral del régimen actual, gracias a ella llegó al poder y a partir de entonces ha sido su principal herramienta de gobierno. López Obrador es, ante todo, un presidente comunicador. De su destreza manipuladora hace gala diariamente durante sus peroratas matutinas. Sus dotes actorales le permiten enfrentar cualquier situación que exhiba los yerros o arbitrariedades de su gobierno con una serenidad imperturbable acompañada de una sorprendente habilidad para salirse por la tangente, aprovechando la oportunidad para fustigar al neoliberalismo y a los conservadores o para amedrentar a sus críticos. 

El mandatario sabe bien que la mejor manera de propiciar la autocensura es por medio del depurado arte de la intimidación. No está solo en este esfuerzo, lo acompañan Donald Trump, la memoria de Hugo Chávez o Rafael Correa, así como los autócratas que gobiernan Rusia, Hungría o Turquía, entre otros. Abundan los políticos en el mundo que utilizan estrategias ocultas para manipular a los ciudadanos a través de los medios de comunicación. Ante la revolución digital, los gobernantes autoritarios pasaron de ser meros espectadores a diestros innovadores en el uso de esas tecnologías, sea para controlar los flujos informativos o bien para monitorear u hostigar a periodistas y opositores.

“Vislumbro la posibilidad de neutralizar la prensa por medio de la prensa misma. Puesto que el periodismo es una fuerza tan poderosa, ¿sabéis que hará mi gobierno? Se hará periodista, será la encarnación del periodismo.” Adoptándolas a la era de las nuevas tecnologías de la información, esta cita parece venirle “como anillo al dedo” al presidente López Obrador y a su estrategia de comunicación política (ver: Maurice Jolly, Diálogo en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu). 

El nivel de estulticia y bajeza del escándalo Notimex no es sólo grotesco sino, atenta contra la ley, la libertad de expresión, la democracia y los derechos humanos. Por tanto, es imperativo que el gobierno de López Obrador aclare estos  vergonzosos hechos con eficacia, prontitud y transparencia. Ya llevamos más de año y medio de opacidad y ocultamiento sobre el uso faccioso de las redes sociales con recursos públicos. La sociedad mexicana exige una respuesta creíble e inmediata sobre el tema. No basta con la remoción de la directora de Notimex, tampoco con la necesaria desaparición de la “agencia noticiosa del Estado”, que no es ni lo uno ni lo otro sino un instrumento corrompido hasta la médula con la aquiescencia de su principal beneficiario: el gobierno de la “Cuarta Transformación”. Basta de simulaciones.   

 

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