‘Ridículo que México asuma una postura antimigracón’: Juan Pablo Villalobos

por Redacción AN / HG enero 20, 2019 3:43 am

El autor de ‘Yo tuve un sueño’, señala que la precariedad económica impulsa los discursos xenófobos.

Por Héctor González

En 2016, Juan Pablo Villalobos (Guadalajara, 1973) entrevistó a una decena de niños que entre 2011 y 2014 cruzaron la frontera que separa a México y Estados Unidos. Resultado de aquel ejercicio es Yo tuve un sueño (Anagrama), un libro que detalla los peligros que enfrentan y las condiciones de su viaje. Con el ánimo de indagar en sus historias personales y exponer su vulnerabilidad, ofrece una serie de relatos que trascienden a la denuncia para aterrizar en la condición humana.

Has definido Yo tuve un sueño como un libro de cuentos de no ficción. ¿A través de estructuras literarias encontraste una forma diferente de acercarse al tema de la migración infantil?

Era el tipo de libro que podía hacer. No soy periodista, sociólogo o académico. Mi intención era dar una voz literaria a estos niños que no solemos escuchar. Se habla mucho de ellos, pero desde una perspectiva estadística o acorde a la representación del fenómeno. Me parece que conocemos poco de sus historias personales más allá de los hechos que detonan la migración o la violencia familiar. Necesitamos revisar cómo las variables macro se manifiestan a nivel de las familias y de los niños en su cotidianidad. Al ser un novelista no podía hacer una crónica o un ensayo, lo mío era apropiarme de estas historias y convertirlas en relatos literarios.

Algo que emparenta tu libro con Los niños perdidos, de Valeria Luiselli…

Sí, el objetivo es más o menos el mismo, aunque el mecanismo es distinto. Valeria tiene otra legitimidad, ella ha sido intérprete de estos niños en la Corte de modo que tiene un contacto directo con esta realidad. Yo, en cambio, estoy fuera del fenómeno. Mi única legitimidad era la de encontrar las voces y recoger sus testimonios para convertirlos en “un buen libro”. No tengo la intención de transformarme en una especie de activista o ente político.

¿Te hacía ruido el tema de la legitimidad?

En un momento sí. Me preocupaba encontrar la perspectiva adecuada para narrarlo. No podía hacerlo desde la experiencia de alguien como Valeria, por eso decidí no aparecer en el libro y desvanecer la figura del cronista. Opté porque los relatos de los niños ocuparan todo el espacio. Si omití un juicio personal o sesgo ideológico fue porque no hacía falta ante la crudeza de los testimonios.

Sin embargo, la elección del tema y de las voces ya implica asumir una postura crítica o de denuncia.

No sé si el calificativo de denuncia pueda seguir siendo válido partiendo de que de toda la literatura está inmersa dentro de un sistema capitalista. No podemos ser ingenuos y pensar que la literatura está fuera de las lógicas neoliberales, sin embargo, sí creo que sigue siendo un espacio para compartir y entender al otro. En ese sentido, sí creo que el libro más que denunciar intenta producir una empatía entre el lector y los niños a través de un conocimiento más profundo de sus historias.

Casi todos los niños coinciden en preguntarse cómo es que les sucedió algo así.

Más allá de una valoración macro y de cálculos políticos, uno de mis objetivos era dar al lector una idea de cómo viven y de lo arbitraria que es la vida. Una niña me dijo: ‘no sé por qué he tenido la mala suerte de conocer gente tan mala’. Su frase concentra toda la arbitrariedad del destino. La diferencia entre esos niños y nosotros radica en que tanto tú como yo, tuvimos la buena suerte de nacer en familias con privilegios. Los sueños que irónicamente titulan el libro, en realidad son la aspiración elemental de derechos humanos fundamentales.

¿Cómo hablar de la migración sin caer en el lugar común o en el lucro de los testimonios?

Está claro que hay una instrumentación de los testimonios. No podemos caer en la posición simplista de que el periodista lucra con las historias porque no es un negocio. Las condiciones del periodismo y la escritura son cada vez más precarias, no hacemos esto por dinero. Por supuesto el cómo se hacen las cosas es la clave. Puede haber algo indecente u obsceno incluso, en que alguien se apropie de los testimonios o situaciones dramáticas para usarlos para desarrollo personal, pero al mismo tiempo puede ser la única manera de dar a conocer estas historias. Alexiévich, la periodista que ganó el Nobel, dio voz a una serie de personajes que durante años estuvieron silenciados, de no ser por ella no tendríamos sus historias sobre lo que sucedió en Bielorrusia.

El libro aparece en una coyuntura que ha despertado todo tipo de reacciones ante los migrantes.

La precariedad económica impulsa el miedo al migrante. Este temor es usado por los partidos de derecha para obtener un beneficio político. La combinación de ambos funciona como una tormenta perfecta porque los discursos de xenofobia son cada vez menos aislados. El ascenso de la extrema derecha así lo demuestra.

Y exhiben la doble moral que muchos ciudadanos tienen México ante la migración.

En el caso de México en particular me parece ridículo asumir una postura antimigración cuando somos el segundo país con más migrantes. Hay más de doce millones de mexicanos fuera de su país.

¿Cambió tu idea de la migración escribir este libro?

Necesitamos ser conscientes de nuestros privilegios y la escritura de este libro me confirmo la conciencia de que todos necesitamos aceptar el lugar que tenemos en el mundo. Yo vivo como un clasemediero más, pero soy un afortunado en comparación con estos niños.

libros

Contenido relacionado

Te recomendamos

Lo más leído

Escribe un comentario

Nota: Los comentarios aquí publicados fueron enviados por usuarios de Aristeguinoticias.com. Invitamos a los usuarios a aprovechar este espacio de opinión con responsabilidad, sin ofensas, vulgaridad o difamación.


Si encuentras algún contenido o comentario que no cumpla con los requisitos mencionados, escríbenos a comentarios@aristeguinoticias.com

Viral