De cardenismo, petróleo y la 4ª Transformación | Artículo

por Julio Moguel mayo 20, 2020 5:52 pm

El autor reflexiona sobre el cardenismo y la 4T, en el 125 aniversario del nacimiento de Lázaro Cárdenas del Río.

Julio Moguel

I

Este 21 de mayo se cumple el 125 aniversario del nacimiento del general Lázaro Cárdenas del Río, y el próximo 19 de octubre se conmemorarán los cincuenta años de su fallecimiento. Cabe señalar que por razones muy diversas no ha sido éste, en los últimos tiempos, uno de los personajes históricos especialmente remembrado, y que algunos sectores que antes militaban bajo la bandera de su nombre ahora lo mencionan sin la fuerza que tiene –o que debiera tener– el reconocimiento de su herencia ¿Hay un legado relevante del divisionario de Jiquilpan que esté en el radar y/o inscrito en algunas de las líneas de política que identifican los posicionamientos y acciones del gobierno de la 4ª Transformación?

Este breve artículo quiere entrar por alguna rendija en ese complejo encuadre de enlace histórico y de análisis comparativo, con la convicción de que los engranajes que mueven la maquinaria de “La 4ª” tienen que ver más con dicha herencia que con cualquier otra del pasado nacional.

II

Detrás del escritorio de Andrés Manuel López Obrador en Palacio Nacional, a no más de metro y medio del respaldo de su silla de trabajo, ubicada de tal forma que pueda ser enfocada por la cámara fotográfica o de video que se use para cualquier entrevista, la imagen del Presidente es acompañada por una fotografía, relativamente conocida, en la que aparecen Lázaro Cárdenas del Río y Francisco J. Mújica, recostados cómodamente, con actitud dominguera, sobre algún césped o pasto no identificado del país.

No hay indicación alguna sobre la fecha del encuentro entre los dos célebres personajes, pero la foto pudiera haber sido tomada, por la edad que ambos aparentan, justo en el tiempo en el que tales voluntades fraguaron la ruta a seguir para llevar a buen puerto la expropiación petrolera; meses, semanas o días antes, pues, de aquel histórico 18 de marzo de 1938.

Si tal combinación de imágenes algo sugiriera, o algo nos quisiera decir, sería, en mi opinión, que el vínculo entre AMLO y el general Lázaro Cárdenas no puede disociarse o reducirse a dos o tres definiciones de política de gobierno que se ubicaran en cualquier promedio histórico –genérico– de comparabilidad, sino ubicarse en hechos que, como el representado por el “tema petrolero”, entre otros, marcan una ruta de cambios –o de pretensiones y proyectos de cambio para el caso del actual gobierno, dada la juventud del sexenio– que son en esencia de importancia comparable, pues en ambos casos la estatización y dinamización de la producción petrolera fue y/o ha sido definida como eje central para lograr la transición de un régimen político a otro.

A mayor abundamiento, habría que recordar que fue precisamente la expropiación petrolera cardenista la que, ligada a otras importantes líneas de política –como la implicada en el reparto agrario, de más de 18 millones de hectáreas entregadas al campesinado entre 1934 y 1940–, llevó finalmente a buen puerto la 3ª Transformación.

En un largo proceso de luchas que abrió su ruta progresiva contra el régimen de Díaz y el huertismo, pero que entró en su fase conclusiva y realmente exitosa cuando Cárdenas rompió con el modelo de régimen al que apostaba el Maximato. Por un tema no menor: el callismo dejaba intactos o recuperaba no pocos de los presupuestos ideológicos, económicos y políticos del porfirismo, dirigiendo sus naves a la construcción de un Estado “moderno”, pero sin claros principios populares y de soberanía, con un ADN neolatifundista y, de suyo, metabólicamente empresarial.

(Para una revisión en torno al tema de un Estado “metabólicamente empresarial”, recomiendo la lectura del excelente libro de Jorge H. Jiménez, Empresario y Dictador: los negocios de Porfirio Díaz, Editorial RM).

La importancia que AMLO ha dado al “tema del petróleo” para crear un nuevo régimen económico-político no puede en consecuencia hacer a un lado entonces esta equiparación. Con una específica moneda, sea dicho, que todavía gira en el aire, en medio de una crisis mundial y nacional que, según parece, por el flagelo del Coronavirus, ya no tiene ni tendrá históricamente algún referente comparable en la historia del país.

III

En su libro Neoporfirismo. Hoy como ayer (Grijalbo, 2014), López Obrador es generosamente indulgente cuando en su “Epílogo” habla del general Plutarco Elías Calles, pero lo hace de pasada, sin pretensión alguna de llevar el tema a debate o a algún determinado nivel de profundización. Pero entra con suficiente filo y exquisita precisión analítica cuando se refiere al general Lázaro Cárdenas del Río, considerándolo como “el mejor de todos, [quien] dio respuesta a las demandas sociales incumplidas y afianzó la soberanía nacional”.

AMLO extiende significativamente este reconocimiento: “Durante su gobierno, de 1934 a 1940, se entregaron 18 millones de hectáreas a un millón de familias campesinas; se hicieron realidad los derechos laborales; se impulsó la educación pública y se expropió el petróleo, que desde el Porfiriato venía siendo explotado por compañías petroleras extranjeras. Lázaro Cárdenas ha sido el gobernante revolucionario que ha profesado el más sincero y profundo amor por el pueblo […]”.

La literalidad del reconocimiento de López Obrador a Cárdenas del Río es una perla que cabe aquilatar. Más aún si, como se ubica en su libro, fue éste quien logró darle un giro exitoso a la 3ª Transformación.

Y más aún, a la vez, si de lo que se trata ahora, con y desde “La 4ª”, es crear un nuevo régimen político que entierre en definitiva al Neoporfirismo, tal y como está sugerido en el propio título del libro ya mencionado que AMLO, ahora presidente, publicó recién en 2014.

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