Emilia Clarke revela que sufrió dos aneurismas tras primera temporada de ‘Juego de tronos’

por Redacción AN / GS marzo 21, 2019 6:07 pm

La actriz que interpreta a Daenerys Targaryen escribe en "The New Yorker" lo que vivió hace unos años, pero ahora, aclara, "estoy al cien".

La actriz Emilia Clarke reveló que sufrió dos aneurismas tras grabar la primera temporada de Juego de tronos.

Quien interpreta a Daenerys Targaryen en la serie de HBO escribió un artículo en The New Yorker en el que explica cómo casi perdió la mente y la vida.

“Nunca he contado en público esta historia, pero este es el momento”, inicia su testimonio.

Todo comenzó al acabar la primera temporada de Juego de Tronos, a principios de 2011. “Estaba aterrada. Aterrorizada por la atención, por un negocio que apenas entendía, por hacer honor a la confianza que los creadores de Tronos habían puesto en mí. Me sentí, en todos los sentidos, expuesta. En el primer episodio aparecí desnuda y a partir de ahí siempre me hice la misma pregunta: ‘Haces de una mujer fuerte y, sin embargo, te quitas la ropa. ¿Por qué? ¿Cuántos hombres debo matar para demostrar mi valía?”. Eso, sumado a la presión de ver cómo se había convertido en un ejemplo a seguir –“las jóvenes se vestían con pelucas de rubio platino y túnicas para ser Daenerys”–, le provocó mucho estrés. Para aliviarlo, comenzó a trabajar con un entrenador personal y durante una sesión con él comenzó a sentirse mal. “Sentí como si una banda elástica me apretara el cerebro. Intenté ignorar el dolor, pero no pude. Le dije a mi entrenador que tenía que tomar un descanso.

Casi arrastrándome llegué al vestuario. Llegué al baño y me arrodillé, con náuseas. Mientras el dolor me taladraba la cabeza cada vez más. Sabía lo que estaba sucediendo: mi cerebro estaba tocado”. Una mujer que la descubrió en ese estado llamó a una ambulancia. “Vino a ayudarme y entonces todo se volvió borroso. Recuerdo el sonido de una sirena, una ambulancia; escuché nuevas voces, alguien diciendo que mi pulso era débil, mientras yo vomitaba bilis. Alguien encontró mi teléfono y llamó a mis padres”, relata.

“Una nube de inconsciencia se posó sobre mí. Como nadie sabía qué me pasaba, los médicos y las enfermeras no podían administrarme medicamentos para aliviar el dolor. Finalmente me hicieron una resonancia magnética, una exploración del cerebro. El diagnóstico fue rápido y siniestro: una hemorragia subaracnoidea (SAH, por sus siglas en inglés), un tipo de accidente cerebrovascular potencialmente mortal, causado por una hemorragia en el espacio que rodea el cerebro. Tuve un aneurisma, una ruptura arterial”, cuenta. “Como supe más tarde, aproximadamente un tercio de los pacientes con SAH mueren inmediatamente o poco después. Los pacientes que sobreviven requieren tratamiento urgente para sellar el aneurisma, ya que existe un riesgo muy alto de una segunda hemorragia, a menudo mortal. Si quería vivir y evitar secuelas terribles, tenía que someterme a una cirugía urgente”.

Clarke aceptó y se sometió a una intervención de tres horas. “Esta no sería mi última cirugía y no sería la peor. Tenía 24 años”, cuenta.

“Cuando desperté, el dolor era insoportable. No sabía dónde estaba… Una noche, después de haber pasado esa marca de las dos semanas, una enfermera me despertó y, como parte de una serie de ejercicios cognitivos, me preguntó cómo me llamaba. Mi nombre completo es Emilia Isobel Euphemia Rose Clarke. Pero no podía recordarlo. De mi boca salían palabras sin sentido alguno y entré en pánico. Nunca había experimentado un miedo como ese. Podía ver mi vida pasar por delante y no valía la pena vivirla. Yo soy actriz, necesito recordar mis textos y ahora no podía recordar ni mi nombre… En mis peores momentos, llegué a pedir a los médicos que me dejaran morir. Mi trabajo, todos mis sueños, están centrados en el lenguaje y en la comunicación. Sin eso, estaba perdida”, abunda.

Un mes después abandonó el hospital. “Regresé a mi vida, pero, mientras estuve en el hospital, me avisaron de que tenía un aneurisma más pequeño en el otro lado del cerebro y que podía romperse en cualquier momento. Los médicos dijeron que era pequeño y que era posible que permaneciera inactivo e inofensivo indefinidamente. Solo tendríamos que vigilarlo con cuidado”.

Antes de comenzar a grabar la segunda temporada de Juego de tronos seguía sintiéndose muy insegura. “Bebía morfina entre entrevista y entrevista. El dolor seguía allí y sentía un cansancio como multiplicado por un millón. Recuerdo que pensé: ‘no puedo pensar ni apenas respirar, y mucho menos ser encantadora”.

La siguiente intervención por su segundo aneurisma llegó tras acabar la tercera temporada, en 2013. “El bulto del otro lado de mi cerebro había crecido mucho, su tamaño se había duplicado y el médico dijo que había que “cuidarlo”. Me prometieron una operación relativamente simple, más fácil que la última vez”.

Le realizaron la misma operación que la primera vez pero utilizando una técnica novedosa. Los resultados no fueron buenos. “Cuando me despertaron, gritaba de dolor. El procedimiento había fallado. Tuve una hemorragia masiva y los médicos me dijeron que mis probabilidades de sobrevivir eran escasas si no volvían a operar. Esta vez necesitaban acceder a mi cerebro de la manera tradicional, a través del cráneo. Y la operación tenía que realizarse de inmediato”.

“La recuperación fue aún más dolorosa de lo que había sido después de la primera cirugía. Parecía que había pasado por una guerra más espantosa que cualquiera de las que haya experimentado Daenerys. Salí de la operación con un drenaje que me salía de la cabeza”. “Ahora no se ve la cicatriz que me recorre el cuero cabelludo hasta el oído, pero al principio pensaba que sería visible”.

Lo que más le preocupaba eran las pérdidas cognitivas o sensoriales. “¿Me afectaría a la concentración? ¿A la memoria? ¿A la visión? Ahora le digo a la gente que lo que me hizo fue perder el buen gusto por los hombres. Pero nada de esto parecía divertido en ese momento”, bromea.

Por último, la actriz agradece: “Les doy las gracias a mi madre y mi hermano, a mis médicos y enfermeras, a mis amigos. Todos los días echo de menos a mi padre, que murió de cáncer en 2016 y a quien nunca podré agradecer lo suficiente que me sostuviera la mano hasta el final”. “Ahora estoy al cien por cien”, remata.  (Con información de El País)

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