‘El cine no tiene por qué ser elitista o egoísta’: David R. Romay

por Redacción AN / HG noviembre 29, 2019 9:26 am

El realizador mexicano estrena ‘Detrás de la montaña’, un filme con tintes autobiográficos.

Por Héctor González

La juventud de Miguel (Benny Emmanuel) está marcada por una obsesión: confrontar a su padre para saldar su huella de abandono. La búsqueda lo llevará al límite de la frontera norte: Ciudad Juárez. Detrás de la montaña, la ópera de prima de David R. Romay es una cinta que nos habla de un viaje personal. A partir de su propia experiencia, el realizador ofrece una cinta acerca sobre la forma en que nos marcan nuestros fantasmas y obsesiones.

¿Qué es fue más difícil escribir una película tan personal o levantar el proyecto?

Una vez un maestro de cine me dijo que la mejor manera de arrancar una carrera era contando una historia cercana. Decidir que ésta sería mi ópera prima no fue tan complicado como levantar la película. El mal llamado cine “de arte” o “de autor”, no está diseñado para llegar a grandes públicos ni para tener grandes presupuestos. En 2012 tomé el taller de Sundance con Bertha Navarro en Oaxaca, imagínate tuvieron que pasar siete años para poder estrenar la película.

Aunque el término no te guste, Detrás de la montaña sí tiene algo de cine de autor…

Sí es de autor en el sentido de que la película tiene mucho que ver conmigo, pero el cine no tiene porque ser elitista o egoísta. Cuando filmas es porque tienes algo que decir y porque a la vez quieres compartirlo. Si bien Detrás de la montaña es una película complicada, tiene suspenso e incluso un par de gags cómicos. Al final todos los storytellings tienen como objetivo ser vistos y buscar puentes con el espectador.

La relación padre-hijo y sus complicaciones es algo inherente a la condición humana, ¿no?

Obviamente tengo mis asuntos con mi papá, quien era un tipo autoritario y dominante. En cierta forma yo tenía algo que decir al respecto porque durante muchos años lo culpé de muchos de mis problemas. Sin embargo, con el tiempo descubrí que las cosas no eran como necesariamente yo las veía. En la película hay algo de eso, pero en un contexto menos dramático. Uno no puede controlar las cosas que le pasan, pero sí sus reacciones.

De hecho la película parece que va sobre la búsqueda del padre, pero en realidad vemos la transformación del hijo.

Quería mostrar a un chico que va saliendo del caparazón. Hasta entonces el personaje nunca había salido de la ciudad. En principio parece un tipo débil, pero el simple hecho de decidir viajar a Ciudad Juárez ya es un acto de valor.

¿Cómo fue el trabajo con los actores?

Siento que mi misión como director es tener una opinión y cuidar que los elementos para transmitirla sean sólidos. Tuve mucho cuidado desde el casting. En una entrevista con los actores resolvimos dudas y después hicimos un call back, donde cada uno hizo una propuesta. Después hicimos un ejercicio de desprendimiento para darles libertad creativa.

¿Te resultó catártica la película?

Sí, fue muy raro. Siempre pensé que era medio farol eso del arte catártico, pero descubrí que no. Para que la gente conecte con una historia hay que ser honesto. La catarsis la encontré durante mi trabajo con los actores. Cada uno me dio su opinión acerca de la paternidad y al compartir emociones descubrí cosas muy personales.

¿Tu papá alcanzó a ver la película?

Sí, la vio cuando tenía 90 años y tres meses antes de morir. Había mucha diferencia de edad entre nosotros. Él era un hombre de pocas palabras y poco expresivo. Pensé que la iba a odiar, pero le encantó. Me parece que no supo poner en palabras lo que sentía por la historia y sabía que era una película de nosotros. Al final eso nos ayudó a cerrar el círculo.

¿Cómo construir una propuesta estética para un ejercicio tan personal?

Tenía claro que sería una película en tono medio porque de por sí el tema es duro. No quería llevarla al drama y menos a la tragedia porque podría haber caído en la caricaturización. Estéticamente tiene muchas noches, pero también bastante colorido. Filmar en Ciudad Juárez me permitió trabajar en un lugar con un peso específico propio. Mi papá era de ahí y regresar a su tierra nos aportó la atmósfera melancólica que estábamos buscando.

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