AMLO funda la Escuela Superior de Democracia Nacional (Artículo)

por Heinz Dieterich noviembre 29, 2018 1:40 pm

Las “consultas ciudadanas” son una respuesta a la necesidad del presidente, de  consolidarse en una correlación de fuerzas poco favorable, cuando aun no es gobierno y no dispone de aparatos de poder “propios”: Heinz Dieterich.

Por Heinz Dieterich

  1. El misterio

La “consulta ciudadana” de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) sobre mega proyectos nacionales, que provocó la cancelación de la multimillonaria inversión del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM), desató una ola de especulación sobre los motivos del presidente electo, para recurrir a tan insólito recurso de “democracia participativa”, aún antes de tomar posesión del cargo.

Para algunos era una manifestación de ingenuidad democrática, de naivité política, que podía terminar mal, en el democratismo. El presidente electo, a su vez, lo definió como una praxis para “acostumbrarnos a fortalecer el hábito democrático”. Una tercera posición sostuvo, que era un reflejo de debilidad del nuevo gobierno ante los poderes fácticos nacionales.

¿Quién tiene razón y qué puede decirse científicamente sobre este posicionamiento del futuro mandatario y su movimiento-partido MORENA?

  1. No es democratismo

De las tres conjeturas mencionadas, la primera puede descartarse. Hay muy pocas personas en México que conocen el sistema político, la identidad y la realidad del país, tanto como el presidente electo.  De hecho, sin esa configuración particular, que lo caracteriza, incluido su sistema de valores, jamás hubiera podido ganar las elecciones presidenciales con el 53% del voto nacional. El democratismo —actuar democráticamente en un entorno autoritario y, como gobierno, decidir todo asunto de Estado por votación formalizada– por lo tanto, no es la Madre de todas las consultas ciudadanas.

  1. Escuela Superior de Democracia Nacional (ESDN)

La explicación de AMLO, de que se trata de “fortalecer el hábito democrático”, es la respuesta a un reto, que enfrenta todo líder de un proceso de transición: movilizar al pueblo para concientizarlo en torno a los grandes temas de la refundación de la nación y del proyecto de transformación. La nueva ortodoxia socio-política, que tiene que crear, requiere del apoyo de diversas clases sociales. Y, para conseguir ese apoyo está obligado a construir una interfase con las masas, que les permite superar la inercia ideológica del status quo. Esta es la esencia estratégica de las “consultas ciudadanas”, más allá de múltiples consideraciones tácticas, en la fase actual del proceso. AMLO generó su propia “Escuela Superior Democrática de la Nación” (ESDN), para “anclar” socialmente (sustanciar) a la Cuarta Transformación. No hay motivo para dudar de su sincero optimismo, de que las consultas sirvan para tal fin. Sin embargo, conviene contextualizar con una mirada comparativa a esa innovación política educativa sui generis del presidente electo.

  1. La interfase de AMLO

Toda transformación social y su vanguardia requieren de un amplio apoyo ciudadano. Esa necesidad obliga al líder del proceso lograr dos objetivos político-comunicativos estratégicos: crear una narrativa creíble de esperanza y cambio, y desarrollar una interfase con las masas, que les permite concientizarse y organizarse.

Los líderes históricos han desarrollado diferentes modelos de interacción para resolver el problema. El Presidente Fidel Castro habló muchas veces prolongadamente ante los ciudadanos cubanos, dando verdaderas cátedras de educación superior en lo político, que convirtieron al pueblo cubano en uno de los más conscientes políticos en el mundo. Donald Trump, a su vez, utiliza el twitter diariamente, logrando un extraordinario efecto de penetración e iniciativa estratégica comunicativa. Lamentablemente, no emplea su eficacia telemática para elevar el nivel de madurez democrática ciudadana, sino para mantener su audiencia política cautiva en la ignorancia. Aun así, no se puede negar que su modelo comunicativo es una interfase muy eficaz. Vladimir Putin, a su vez, ha logrado componer un paradigma de interacción, que lo ha convertido en uno de los interlocutores políticos más poderosos y atractivos de la sociedad global.

AMLO está configurando su propio sistema interactivo-identificador con las mayorías, en el cual las consultas ciudadanas pueden jugar un papel importante y constructor, siempre que vayan acompañadas por otros vectores formativos importantes, como el Instituto de Formación Política, que obviamente tendrá que ser un Instituto con científicos de vanguardia y “un baño de pueblo”, además de un mega relato para las condiciones del Siglo 21.

  1. La Proto-Democracia

Las “consultas ciudadanas” son una respuesta a la necesidad del presidente, de  consolidarse en una correlación de fuerzas poco favorable, cuando aun no es gobierno y no dispone de aparatos de poder “propios”. Para no emplear términos peyorativos, como populismo o democratísmo, podemos llamar ese instituto político “proto-democracia” (proto democracy). Su praxis moderna se remonta a los albores de la democracia inglesa (Siglo XVIII, Londres), cuando el sistema politico feudal evolucionó hacia la democracia liberal. La cultura política electoral de entonces era híbrida. Se caracterizaba por votaciones muy heterogéneas, pero con tres características comunes: una participación que trascendía los confines de las clases sociales (cross-class participation); elecciones de diferente tipo, desde parlamentarias a  cargos civiles y sociales y, la importancia de procedimientos electorales. Es obvia la coincidencia de esas características con el modelo de AMLO y su idoneidad para fases de transición, como la actual mexicana.

  1. Gobernar obedeciendo”

La proto-democracia mexicana, cual sofisticada ingeniería política de AMLO, no debe confundirse con la consigna “gobernar obedeciendo”. Gobernar obedeciendo significa en la democracia liberal burguesa actuar conforme a los preceptos de la Constitución. O sea, un gobierno bajo el imperio de la ley, el Estado de Derecho. En la semiótica anarcoide, en cambio, se refiere a la gobernanza directa de las bases sociales a través del poder comunal. Tal noción, heredada de la comunidad neolítica, desconoce olímpicamente el saber científico contemporáneo sobre el funcionalismo estructural del entorno bio-social, que requiere un sistema biológico para sobrevivir. Todo organismo biológico y organización sistémica depende para su reproducción exitosa de una estructura fractal, o sea, una jerarquización adecuada de los flujos (funciones) de información, energía-materia y ejecutividad, La idea de poder sustituir ese principio vertical de organización de la materia biótica por el principio horizontal de organización de la democracia, es una falacia, que se nutre de la ignorancia científica o del interés demagógico. En la praxis de los mega estados modernos, su aplicación llevaría a la difusión de la función pública, aumentando la entropia del sistema y su probable colapso.

  1. Poder Communal y poder Central

La contradicción entre el poder comunal y el poder central en los grandes Estados nacionales contemporáneos, no se puede resolver con propuestas infantiles o demagógicas de “democracia participativa”, que desconocen las leyes del universo. Porque son esas leyes de escala (laws of scale) y de la naturaleza fractal de la realidad, que hacen imprescindibles determinadas jerarquizaciones de la organización social y, por tanto, el empleo de reglas de representación y delegación de poderes en los diversos niveles de la sociedad. La única solución posible de esa aporía es un término medio (aurea mediocritas) pragmático entre ambos principios organizativos. Porque, si la verticalidad social se vuelve predominante, termina en despotismo. Y si la horizontalidad se vuelve excesiva, destruye el sistema por anarquía.

  1. Líder y Vanguardia

El triunfo de la Cuarta Transformación depende de tres condiciones. 1. El movimiento necesita tener un líder visionario centrista, que no caiga en sectarismos. Con AMLO esa condición se cumple. Pero, con un caveat. Es una condición necesaria, mas no suficiente. Un líder sin vanguardia no puede transformar un país. De ahí, la segunda precondición del triunfo: 2. la constitución de una vanguardia política-ética-científica. Las tres cualidades son vitales. Los cuadros decisivos no pueden carecer de ninguna de ellas. 3. Finalmente, la construcción de una interfase eficaz (comunicación estratégica y táctica) con las masas. Es evidente, que la segunda y tercera condición de éxito del Proyecto están todavía en proceso de construcción, con diferentes grados de avance.

  1. El éxito posible

El éxito de la Cuarta Transformación es posible, siempre que, como en el dogmatismo cristiano, se mantenga la íntima unión de las tres formas de su Trinidad: política-ética-ciencia. No cabe duda, que toda persona honesta y patriótica sentirá el compromiso de contribuir al triunfo de esta noble causa.

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