10 puntos sobre la caravana migrante (Artículo)

por Ernesto Villanueva noviembre 30, 2018 10:29 am

"Las autoridades de migración incurrieron en delitos y responsabilidades administrativas que pueden llegar incluso a la inhabilitación por dejar de cumplir con sus deberes", señala el columnista Ernesto Villanueva.

Por Ernesto Villanueva

La caravana migrante de hondureños que ha llegado a México, una parte para quedarse en el país y la más grande pretende ingresar a Estados Unidos, ha generado una polémica que no debería haber existido. Veamos.

Primero. Es plausible desde el punto de vista moral y religioso –e incluso de lo políticamente correcto- mostrar muestras públicas de empatía con los hondureños migrantes que huyen de su país por falta de oportunidades de trabajo.

Segundo. El problema empieza si se analiza -como la única forma que debería ser- desde el punto de vista jurídico. La forma de ingreso de los hondureños a México no se compadece con la legislación vigente en la Ley de Migración. En efecto, de entrada el Artículo 34 de la Ley de Migración dispone que: “La internación regular al país se efectuará en el momento en que la persona pasa por los filtros de revisión migratoria ubicados en los lugares destinados al tránsito internacional de personas por tierra, mar y aire, dentro de los horarios establecidos para tal efecto y con intervención de las autoridades migratorias”.

A mayor abundamiento el Artículo 37 fracción I a) dispone que: “Para internarse al país, los extranjeros deberán: Presentar en el filtro de revisión migratoria ante el Instituto, los documentos siguientes: a) Pasaporte o documento de identidad y viaje que sea válido de conformidad con el derecho internacional vigente”.

Tercero. La caravana de hondureños ingresó a México sin ajustarse a lo previsto
en la ley, debiendo las autoridades de migración con el auxilio de las dependencias correspondientes observar las prescripciones que la ley les impone.

Las autoridades de migración incurrieron en delitos y responsabilidades administrativas que pueden llegar incluso a la inhabilitación por dejar de cumplir con sus deberes. Fue notorio que los migrantes violaron las disposiciones aplicables con la indebida anuencia de quienes deben proteger las fronteras del país, toda vez que carecían de identidad alguna e incluso no pasaron por el servicio de aduanas que también es obligatorio.

Cuarto. En el absurdo de las cosas, el presidente Enrique Peña Nieto exhortó a los migrantes a conducirse conforme a derecho. El ejecutivo federal no exhorta, ejecuta la ley. La caravana se ha dirigido en parte a distintos lugares de México y la mayoría a las fronteras con Estados Unidos, especialmente a Tijuana. En esta ciudad fronteriza han ocurrido enfrentamientos entre pobladores de esa localidad y los hondureños porque consideran los mexicanos que aquéllos representan una carga presupuestal no prevista, erogada por los tijuanenses y por la falta de estructura para albergar de un día para otro miles de personas más.

Quinto. El gobierno de Tijuana y el del Estado de Baja California no tienen obligación alguna de orientar e incluso crear nuevas partidas presupuestales. Ni duda cabe que los hondureños no están por gusto, pero los tijuanenses afirman que no hay disposición legal alguna que los obligue a hacer frente a miles de personas extranjeras de un día para otro. Y tienen razón.

Sexta. Estados Unidos tiene el deber inalienable de defender su territorio. Ese país tampoco tiene obligación legal exigible para dejar entrar a su país a extranjeros al margen de las disposiciones normativas que rigen en ese país. Las autoridades militares y civiles de Estados Unidos lo que hacen es repeler estas acciones con fundamento en su legislación interna y en la convencional.

Séptima. He revisado con acuciosidad el derecho convencional y no he encontrado alguna normativa que obligue a Estados Unidos o a cualquier otro país al ingreso y libre desplazamiento por su país de un extranjero sin requisito alguno.

Incluso he consultado con los principales abogados en materia de derechos humanos por si se me hubiera pasado alguna norma jurídica que obligase legalmente a Estados Unidos a dejar entrar a quien quiera sin observar sus disposiciones legales internas. La respuesta es que no la hay.

Octava. No pongo en duda que en Honduras la situación no sea la mejor, lo que apunto es que no es responsabilidad jurídica de México y Estados Unidos resolver esa circunstancia abriendo fronteras de par en par sin documento alguno y sin la posibilidad de revisar antecedentes personales como lo hace el gobierno colombiano a los venezolanos que entran en su territorio.

Novena. Paradójicamente, si la gente se reúne en grupos pueden violar la Ley de Migración, pero si lo hacen uno por uno, con pasaporte, visa en su caso, nacionales de países de Europa del Este, africanos e incluso latinos son acuciosamente interrogados por los agentes de migración y revisados por las autoridades de aduanas. Es un mal mensaje, no se puede premiar la violación de la ley y castigar el cumplimiento de quienes observan los requisitos de ingreso al país que llegan por aeropuerto.

Décima. Hasta el día de hoy no he visto ninguna defensa jurídica, sino retórica y argumentos metalegales para defender la caravana migrante. Y no es porque no los quieran invocar, sino simple y sencillamente porque no existen. En este caso Trump tiene todo el derecho de hacer respetar las leyes estadounidenses en materia de migración.

@evillanuevamx
ernestovillanueva@hushmail.com

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